Aquí irán apareciendo Módulos nuevos para ti:
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Módulo Introductorio:
Introducción al Curso:
¿Qué es la crianza respetuosa?
¿Cómo vemos al niño?
Viejos patrones, cambios y culpa:
Cuidar al cuidador:
Introducción al Curso:
¿Qué es la crianza respetuosa?
¿Cómo vemos al niño?
Viejos patrones, cambios y culpa:
Cuidar al cuidador:
¿Qué es la crianza respetuosa?
¿Cómo vemos al niño?
Viejos patrones, cambios y culpa:
Cuidar al cuidador:
Módulo 1:
Introducción al Módulo 1:
Los niños son complacientes:
Tu hijo es tu mejor reflejo:
La manipulación infantil:
Los límites infantiles:
Tu hijo es tu mejor reflejo:
La manipulación infantil:
Los límites infantiles:
La manipulación infantil:
Los límites infantiles:
Módulo 2:
Introducción al Módulo 2:
La edad del "no":
La obediencia:
Aquí tienes una repetición del Experimento de Milgram, subtitulada en castellano, de casi 10 minutos de duración:
El papel del placer dentro de la crianza respetuosa:
El llanto infantil:
Introducción al Módulo 2:
La edad del "no":
La obediencia:
Aquí tienes una repetición del Experimento de Milgram, subtitulada en castellano, de casi 10 minutos de duración:
El papel del placer dentro de la crianza respetuosa:
El llanto infantil:
Módulo 3:
Introducción al Módulo 3:
Flexibilidad y Permisividad:
Aceptación y Tolerancia dentro de la Crianza Respetuosa:
Introducción al Módulo 3:
Flexibilidad y Permisividad:
Aceptación y Tolerancia dentro de la Crianza Respetuosa:
Flexibilidad y Permisividad:
Aceptación y Tolerancia dentro de la Crianza Respetuosa:
TED Talk de Andrew Solomon:
Andrew es autor, escribe sobre temas políticos, culturales y psicológicos. Aquí tienes el video con subtítulos en castellano, y más abajo la transcripción del mismo.
Andrew es autor, escribe sobre temas políticos, culturales y psicológicos. Aquí tienes el video con subtítulos en castellano, y más abajo la transcripción del mismo.
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"Incluso en términos meramente no religiosos, la homosexualidad representa un mal uso de la sexualidad. Es sustituto patético, mediocre y menor de la realidad. Un abandono lamentable de la vida. Como tal, no merece compasión, no merece tratamiento por ser un martirio minoritario, y solo merece considerarse como enfermedad perniciosa". Esto es de la revista Time, de 1966, cuando yo tenía 3 años. Y, el año pasado, el presidente de EE.UU. defendió el matrimonio igualitario. (Aplausos)
Me pregunto: ¿cómo llegamos de eso a esto? ¿Cómo pasó de enfermedad a identidad? Cuando tenía unos seis años, fui a una zapatería con mi madre y mi hermano. Y, tras comprar, el vendedor nos dijo que podíamos llevarnos un globo. Mi hermano quería el globo rojo, y yo el rosa. Mi madre dijo que que mejor que me llevara el azul. Pero le dije que definitivamente quería el rosa. Y ella me recordó que mi color favorito era el azul. De hecho hoy mi color favorito es el azul, pero sigo siendo gay. (Risas) Esto muestra tanto la influencia de mi madre como de sus límites. (Risas) (Aplausos)
De niño, mi madre solía decir: "El amor que se siente por los hijos no tiene parangón en el mundo. Y no lo sabrás hasta que no tengas hijos". De niño tomaba eso como el mayor cumplido del mundo al decirlo en relación a mí y mi hermano. Ya de adolescente pensaba que, siendo gay, quizá no podía tener familia. Y cuando ella lo decía, me inquietaba. Y cuando declaré mi homosexualidad, ella seguía diciéndolo, y eso me enfurecía.Le dije: "Soy gay. No es ese el camino que sigo. Quiero que dejes de decir eso". Hace unos 20 años, los editores de la revista de The New York Times me pidieron escribir un artículo sobre la cultura de la sordera. Me sorprendió bastante. Yo pensaba que la sordera era una enfermedad. Esa pobre gente que no podía oír. Les faltaba la audición, ¿qué podía hacerse por ellos? Y entonces me sumergí en el mundo de la sordera. Fui a clubes para sordos. Fui a representaciones teatrales y poesía para sordos.Incluso fui al concurso Miss Sorda de EE. UU., en Nashville, Tennessee, donde la gente se quejaba de esas sucias señas sureñas. (Risas)
Y conforme me zambullía en lo profundo de la sordera, más me convencía de que la sordera era una cultura y que las personas sordas que decían: "No nos falta audición, pertenecemos a una cultura", estaban diciendo algo viable. No era mi cultura, no quería necesariamente correr para sumarme a ella pero me gustaba saber que era una cultura y que para las personas que pertenecían a ella, era tan importante como la cultura latina, la gay o la judía. Quizá era tan válida incluso como la estadounidense. La amiga de un amigo mío tuvo una hija enana. Y cuando nació su hija de repente ella empezó a preguntarse cosas que ahora cobraban importancia para mí.Ella se preguntaba qué hacer con esta niña. ¿Debería decirle: "Eres como todos, pero un poco más pequeña"? ¿O debería tratar de construir una especie de identidad enana, involucrarse con la Gente Pequeña de EE.UU., y concienciarse de lo que ocurría con los enanos? Y, de repente, pensé que la mayoría de los niños sordos nacen de padres oyentes. Esos padres oyentes tratan de curarlos. Esas personas sordas descubren su comunidad en la adolescencia. La mayoría de los homosexuales son hijos de padres heterosexuales. Esos padres heterosexuales a menudo quieren que vivan en lo que se considera como mundo convencional, y esos homosexuales tienen que descubrir su identidad más adelante. Y aquí estaba mi amiga lidiando con estas cuestiones de identidad con su hija enana. Y pensé, ahí está otra vez: una familia que se autopercibe como normal, con una niña que parece estar fuera de lo normal. Y se me ocurrió la idea de que en realidad hay dos tipos de identidad. Hay identidades verticales, que se transmiten por generaciones, de padres a hijos. Cosas como la etnia, con frecuencia, la nacionalidad, el idioma, a menudo la religión. Cosas en común de los padres con sus hijos. Y si bien algunas pueden ser difíciles, no se hacen intentos por curarlas. Podrán decir que en EE.UU. es difícil —a pesar de nuestro actual presidente— si uno tiene origen africano. Y no obstante, nadie intenta asegurar que la próxima generación de niños afro-asiáticos de EE.UU. sean rubios y de piel clara. Existen otras identidades que uno tiene que aprender de sus pares. Yo las llamo identidades horizontales, porque los grupos de pares son una experiencia horizontal. Son identidades ajenas a las de los padres y que uno tiene que descubrir cuando las ve en los pares. Y esas identidades, esas identidades horizontales, las personas casi siempre tratan de curarlas. Y yo quería analizar el proceso mediante el cual las personas con dichas identidades. logran una buena relación con ellas. Y me parecía que había tres niveles de aceptación que tenían que ocurrir: la autoaceptación, la aceptación familiar y la aceptación social. Y no siempre coinciden. Y muchas veces las personas que pasan por esto se enojan mucho porque sienten que sus padres no los aman, cuando lo que ocurre en realidad es que sus padres no los aceptan. El amor, idealmente, es algo incondicional entre padres e hijos. Pero la aceptación es algo que lleva tiempo. Siempre lleva tiempo. Uno de los enanos que conocí era un tipo llamado Clinton Brown. Cuando nació, le diagnosticaron enanismo diastrófico, una enfermedad muy incapacitante, y a sus padres les dijeron que él nunca caminaría, que no tendría la capacidad intelectual, y que, probablemente, ni siquiera los reconocería. Y les sugirieron que lo dejaran en un hospital para que pudiera morir allí en paz. Y su madre se negó a hacerlo. Y se llevó a su hijo a casa. Y si bien ni contaba con mucha formación, ni recursos económicos encontró los mejores médicos del país para tratar el enanismo diastrófico, y llevó a Clinton a las consultas. En el transcurso de su infancia, tuvo 30 intervenciones quirúrgicas importantes. Pasó todo ese tiempo confinado a un hospital debido a esas intervenciones, producto de las cuales hoy puede caminar. Y mientras estaba allí, le mandaron tutores para ayudarle a hacer tareas escolares. Y se esforzó mucho porque no había otra cosa que hacer. Y terminó alcanzando notas excelentes, algo nunca visto en ningún miembro de su familia. De hecho, fue el primero de su familia en ir a la universidad, donde vivió en el campus y condujo un auto especialmente equipado para acomodar su cuerpo inusual. Y su madre me contó que un día fui cerca de la universidad y ella me dijo: "vi ese auto, que siempre puede reconocerse, en el estacionamiento de un bar". (Risas)
"Pensé, ellos miden 1,80 m y él mide la mitad. Dos cervezas para ellos son cuatro para él". Dijo: "Sabía que no podía entrar allí e interrumpirlo, pero volví a casa y le dejé ocho mensajes en el móvil". Dijo: "Y luego pensé que si alguien me hubiera dicho cuando nació que mi preocupación futura sería que bebería y conduciría con sus amigos universitarios..." (Aplausos)
Y le dije: "¿Qué crees que hiciste para ayudarle a sacar adelante a esa persona encantadora y maravillosa?" Y me dijo: "¿Qué hice? Lo amé, eso es todo. Clinton siempre tuvo esa luz dentro de sí.Su padre y yo fuimos afortunados por ser los primeros en descubrirlo". Citaré otra revista de los años 60. Esta es de 1968. The Atlantic Monthly, voz del progresismo estadounidense. Escrito por un importante bioético. Dijo: "No hay razón para sentirse culpable por apartar a un niño con síndrome de Down; ya sea dejándolo, en el sentido de ocultarlo, en un sanatorio o en un sentido más letalmente responsable. Es triste, sí... atroz. Pero no conlleva culpabilidad. El verdadero sentimiento de culpa surge solo de un delito contra una persona, y alguien con Down no es una persona".
Se han destinado ríos de tinta a describir el avance enorme conseguido en el trato a los homosexuales. Ese cambio de actitud está presente en los titulares a diario. Pero olvidamos cómo solíamos ver a otras personas diferentes, cómo solíamos ver a los discapacitados, lo inhumanos que éramos. Y al cambio ocurrido allí, casi tan igualmente radical, no le prestamos demasiada atención. Una de las familias a las que entrevisté, Tom y Karen Robards, fueron tomados por sorpresa cuando, como jóvenes y exitosos neoyorquinos, su primer hijo fue diagnosticado con síndrome de Down. Pensaron que las oportunidades educativas para él no eran lo que deberían ser, y decidieron construir un pequeño centro —dos aulas que equiparon con otros padres— para educar niños con síndrome de Down. Y, con los años, ese centro se convirtió en el Centro Cooke, donde ahora se enseña a miles y miles de niños con discapacidad intelectual. En el tiempo transcurrido desde el artículo del Atlantic Monthly, la expectativa de vida de las personas con Down se ha triplicado. La experiencia de las personas con Down abarca actores escritores, capaces de vivir la vida adulta de manera independiente.
Los Robards tuvieron mucho que ver con eso. Les dije: "¿Se lamentan? ¿Desearían que su hijo no tuviese síndrome de Down? ¿Desearían no haber oído nunca hablar de eso?" Y curiosamente su padre dijo:"Bueno, por David, nuestro hijo, lo lamento, porque para David, es una forma difícil de estar en el mundo, y me gustaría darle a David una vida más fácil. Pero creo que si perdiéramos a todos los que tienen Down, sería catastrófico". Y Karen Robards me dijo: "Opino como Tom. Curaría a David en un instante para darle una vida más fácil. Pero en cuanto a mí, bueno, nunca hubiera creído hace 23 años cuando nació que podía llegar a tal punto; en cuanto a mí, esto me ha hecho mucho mejor y mucho más amable le ha dado más sentido a toda mi vida, que, en lo que a mí respecta, no me rendiría por nada en el mundo".
Vivimos en un momento en el que la aceptación social de estos y muchos otros trastornos está en aumento. Y a la vez vivimos en un momento en el que la capacidad de eliminar estos trastornos ha alcanzado un clímax nunca antes imaginado. La mayoría de los niños sordos de EE.UU. ahora reciben implantes cocleares, colocados en el cerebro y conectados a un receptor, que permiten optar por un equivalente a la audición y desarrollar el habla. Un compuesto probado en ratones, el BMN-111, es útil en la prevención de la acción del gen de la acondroplasia. La acondroplasia es la forma más común de enanismo, y los ratones que recibieron esa sustancia y que tienen el gen de la acondroplasia, crecen al máximo. La prueba en humanos está a la vuelta de la esquina. Los exámenes sanguíneos están progresando y permitirían identificar el síndrome de Down antes y de forma más clara durante el embarazo facilitando cada vez más eliminar esos embarazos, o ponerles fin. De modo que hay tanto progreso social como médico. Y yo creo en ambos.
Creo que el progreso social es fantástico, importante y maravilloso, y pienso lo mismo del progreso médico. Pero pienso que es una tragedia cuando uno no ve al otro. Y cuando veo el modo en que se intersectan en enfermedades como las tres que acabo de describir, a veces pienso que es como esos momentos en la gran ópera en los que el héroe se da cuenta de que ama a la heroína en el preciso instante en el que ella cae muerta en un diván. (Risas)
Tenemos que pensar en qué sentimos respecto de la cura. A menudo la paternidad consiste en qué aceptar de nuestros hijos y qué curar. Jim Sinclair, un destacado activista del autismo, dijo: "Cuando los padres dicen: 'Me gustaría que mi hijo no tuviese autismo', en realidad están diciendo: 'Me gustaría que el niño que tuve no existiera y tener otro distinto, que no tuviera autismo'. Lean de nuevo. Esto es lo que oímos cuando lamentamos nuestra existencia. Esto es lo que oímos cuando Uds. rezan por una cura y su mayor deseo para nosotros es que un día dejemos de existir para que extraños que Uds. puedan amar, ocupen nuestro lugar".
Es un punto de vista muy extremo, pero resalta la realidad de que las personas se involucran con la vida que tienen y no quieren ser curados, cambiados o eliminados. Quieren ser quienes quiera que hayan llegado a ser.Una de las familias que entrevisté para este proyecto fue la familia de Dylan Klebold, uno de los autores de la masacre de Columbine. Llevó mucho tiempo persuadirlos para que hablaran conmigo, y una vez persuadidos, estaban tan cargados de su historia que no podían dejar de hablar de eso. El primer fin de semana que pasé con ellos, el primero de muchos, grabé más de 20 horas de conversación. Y el domingo por la noche estábamos todos cansados. Estábamos sentados en la cocina. Sue Klebold estaba preparando la cena. Y dije: "Si Dylan estuviese aquí ahora, ¿tienen idea de lo que les gustaría preguntarle?" Y su padre dijo: "Claro que sí. Me gustaría preguntarle qué demonios pensaba que estaba haciendo". Y Sue miró al suelo, pensó un minuto, y luego alzó la mirada y dijo: "Yo le pediría que me perdonara por ser su madre y no saber nunca lo que estaba pasando por su cabeza". Cuando cené con ella un par de años más tarde, una de muchas cenas que compartimos, me dijo: "Sabes, cuando ocurrió, solía desear nunca haberme casado, nunca haber tenido hijos. De no haber ido al estado de Ohio y cruzarme con Tom, ese chico nunca habría existido y esta cosa terrible nunca habría ocurrido. Pero he llegado a sentir que amo tanto a los hijos que tuve que no quiero imaginar una vida sin ellos. Reconozco el dolor que le causaron a otros, y eso no tiene perdón, pero el dolor que me causaron a mí, existe", dijo. "Así que, aunque reconozco que habría sido mejor para el mundo si Dylan nunca hubiera nacido, he decidido que no habría sido mejor para mí".
Pensé que era sorprendente cómo todas estas familias tenían todos estos niños con todos estos problemas, problemas que en su mayoría habrían hecho cualquier cosa para evitar, y que todos habían encontrado mucho sentido en esa experiencia de ser padres. Y luego pensé que todos los que tenemos hijos amamos a los hijos que tenemos, con sus errores. Si, de repente, bajara del cielo un ángel a mi sala de estar y ofreciera llevarse los hijos que tengo y darme otros mejores —más educados, más divertidos, más bonitos, más inteligentes— me aferraría a los hijos que tengo y pondría fin ese atroz espectáculo. En última instancia siento que de la misma forma en que probamos pijamas ignífugos en el fuego para asegurarnos de que no se incendien cuando nuestros hijos se acercan a un horno, estas historias de familias que negocian diferencias extremas reflejan la experiencia universal de la paternidad, eso que siempre que uno mira a sus hijos le hace pensar: ¿de dónde vienen Uds.? (Risas)
Resulta que mientras cada una de estas diferencias individuales es una isla... hay muchas familias que lidian con la esquizofrenia, hay muchas familias de niños transgénero, hay muchas familias de niños prodigio que, en cierta manera, también se enfrentan a retos similares, hay muchas familias en cada una de esas categorías; pero si empezamos a pensar en cómo abordar la experiencia de negociar las diferencias dentro de la familia, entonces descubrimos que es un fenómeno casi universal. Irónicamente, resulta que son nuestras diferencias y la negociación de la diferencia lo que nos une. Decidí tener hijos mientras trabajaba en este proyecto. Y muchas personas asombradas me decían: "Pero, ¿cómo puedes decidir tener hijos en medio de un estudio de todo lo que puede salir mal?" Y dije: "No estoy estudiando todo lo que puede salir mal. Estoy estudiando cuánto amor puede haber, aun cuando todo parece estar saliendo mal".
Pensé mucho en la madre de un niño discapacitado que había visto; un niño con discapacidad grave que murió por negligencia de su cuidador. Y en el entierro de sus cenizas, su madre dijo: "Pido perdón por ser arrebatada dos veces, una vez el niño que deseaba y una vez el hijo que amaba". Y pensé que era posible, entonces, que cualquier persona amara a cualquier niño si tenía la voluntad efectiva de hacerlo. Así que mi marido es el padre biológico de dos hijos con unas amigas lesbianas de Minneapolis. Yo tenía una amiga de la universidad que se había divorciado y quería tener hijos. Así que ella y yo tuvimos una niña, y madre e hija viven en Texas. Y mi esposo y yo tenemos un hijo que vive con nosotros todo el tiempo del cual yo soy el padre biológico, y la madre sustituta por subrogación fue Laura, la madre lesbiana de Oliver y Lucy de Minneapolis. (Aplausos)
El resumen es cinco padres, de cuatro niños, en tres estados. Y hay gente que piensa que la existencia de mi familia de alguna manera socava, debilita o daña a su familia. Hay gente que piensa que familias como la mía no deberían existir. Y yo no acepto modelos sustractivos de amor, sólo aditivos. Creo que de la misma manera que necesitamos diversidad de especies para asegurar la continuidad del planeta, también necesitamos esta diversidad de afectos y de familias para fortalecer la ecosfera de la bondad. Al día siguiente de nacer nuestro hijo, vino la pediatra a la habitación y dijo que estaba preocupada. El bebé no estiraba las piernas como debía. Dijo que podría tener daño cerebral. Al extender sus piernas, lo hacía de forma muy asimétrica, por eso ella pensó que podía tratarse de la acción de un tumor. Y tenía una cabeza muy grande, por eso pensó podría indicar hidrocefalia. Y a medida que me decía todo esto, yo sentía que mi ser se desmoronaba. Y pensé, había estado trabajando durante años en un libro sobre cuánto sentido encontraba la gente en la paternidad de niños discapacitados, y yo no quería engrosar esas filas. Porque lo que encontraba era una idea de enfermedad. Y como todos los padres, desde los albores del tiempo, quería proteger a mi hijo de la enfermedad. Y también quería protegerme yo de la enfermedad. Pero sabía, por el trabajo realizado, que si él tenía algo de eso que estaban buscando que esa, en última instancia, sería su identidad, y si esa era su identidad, se volvería mi identidad, que esa enfermedad adoptaría una forma muy diferente conforme se desarrollara. Lo llevamos a la máquina de resonancia magnética, lo llevamos al escáner CAT, a ese niño de un día de vida le tomamos muestras de sangre arterial. Sentimos impotencia. Y al cabo de cinco horas dijeron que su cerebro estaba completamente bien y que extendía sus piernas correctamente. Y cuando le pregunté a la pediatra qué había sucedido, dijo que pensaba que en la mañana probablemente había tenido un calambre. (Risas)
Pensé cuánta razón tenía mi madre. Pensé que el amor que uno siente por sus hijos es diferente de cualquier otro sentimiento en el mundo y hasta que uno no tiene hijos, no sabe lo que se siente. Creo que los niños me atraparon en el momento en que conecté paternidad con pérdida. Pero no estoy seguro de si habría notado eso de no haber participado en el meollo de esa investigación. Encontré tanto amor extraño, que sucumbí muy naturalmente a sus patrones de fascinación. Y vi cómo el esplendor puede iluminar incluso las vulnerabilidades más abyectas. Durante estos 10 años fui testigo y aprendí la alegría terrible de la insoportable responsabilidad, y llegué a ver cómo eso conquista todo lo demás. Y aunque a veces había pensado que los padres que había entrevistado eran tontos, al esclavizarse de por vida a sus hijos ingratos tratando de crear identidad de la miseria, me di cuenta ese día que mi investigación me había dado una herramienta y que estaba listo para sumarme a su nave. Gracias. (Aplausos)
Fluir en la crianza respetuosa:
Amor incondicional:
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"Incluso en términos meramente no religiosos, la homosexualidad representa un mal uso de la sexualidad. Es sustituto patético, mediocre y menor de la realidad. Un abandono lamentable de la vida. Como tal, no merece compasión, no merece tratamiento por ser un martirio minoritario, y solo merece considerarse como enfermedad perniciosa". Esto es de la revista Time, de 1966, cuando yo tenía 3 años. Y, el año pasado, el presidente de EE.UU. defendió el matrimonio igualitario. (Aplausos)
Me pregunto: ¿cómo llegamos de eso a esto? ¿Cómo pasó de enfermedad a identidad? Cuando tenía unos seis años, fui a una zapatería con mi madre y mi hermano. Y, tras comprar, el vendedor nos dijo que podíamos llevarnos un globo. Mi hermano quería el globo rojo, y yo el rosa. Mi madre dijo que que mejor que me llevara el azul. Pero le dije que definitivamente quería el rosa. Y ella me recordó que mi color favorito era el azul. De hecho hoy mi color favorito es el azul, pero sigo siendo gay. (Risas) Esto muestra tanto la influencia de mi madre como de sus límites. (Risas) (Aplausos)
De niño, mi madre solía decir: "El amor que se siente por los hijos no tiene parangón en el mundo. Y no lo sabrás hasta que no tengas hijos". De niño tomaba eso como el mayor cumplido del mundo al decirlo en relación a mí y mi hermano. Ya de adolescente pensaba que, siendo gay, quizá no podía tener familia. Y cuando ella lo decía, me inquietaba. Y cuando declaré mi homosexualidad, ella seguía diciéndolo, y eso me enfurecía.Le dije: "Soy gay. No es ese el camino que sigo. Quiero que dejes de decir eso". Hace unos 20 años, los editores de la revista de The New York Times me pidieron escribir un artículo sobre la cultura de la sordera. Me sorprendió bastante. Yo pensaba que la sordera era una enfermedad. Esa pobre gente que no podía oír. Les faltaba la audición, ¿qué podía hacerse por ellos? Y entonces me sumergí en el mundo de la sordera. Fui a clubes para sordos. Fui a representaciones teatrales y poesía para sordos.Incluso fui al concurso Miss Sorda de EE. UU., en Nashville, Tennessee, donde la gente se quejaba de esas sucias señas sureñas. (Risas)
Y conforme me zambullía en lo profundo de la sordera, más me convencía de que la sordera era una cultura y que las personas sordas que decían: "No nos falta audición, pertenecemos a una cultura", estaban diciendo algo viable. No era mi cultura, no quería necesariamente correr para sumarme a ella pero me gustaba saber que era una cultura y que para las personas que pertenecían a ella, era tan importante como la cultura latina, la gay o la judía. Quizá era tan válida incluso como la estadounidense. La amiga de un amigo mío tuvo una hija enana. Y cuando nació su hija de repente ella empezó a preguntarse cosas que ahora cobraban importancia para mí.Ella se preguntaba qué hacer con esta niña. ¿Debería decirle: "Eres como todos, pero un poco más pequeña"? ¿O debería tratar de construir una especie de identidad enana, involucrarse con la Gente Pequeña de EE.UU., y concienciarse de lo que ocurría con los enanos? Y, de repente, pensé que la mayoría de los niños sordos nacen de padres oyentes. Esos padres oyentes tratan de curarlos. Esas personas sordas descubren su comunidad en la adolescencia. La mayoría de los homosexuales son hijos de padres heterosexuales. Esos padres heterosexuales a menudo quieren que vivan en lo que se considera como mundo convencional, y esos homosexuales tienen que descubrir su identidad más adelante. Y aquí estaba mi amiga lidiando con estas cuestiones de identidad con su hija enana. Y pensé, ahí está otra vez: una familia que se autopercibe como normal, con una niña que parece estar fuera de lo normal. Y se me ocurrió la idea de que en realidad hay dos tipos de identidad. Hay identidades verticales, que se transmiten por generaciones, de padres a hijos. Cosas como la etnia, con frecuencia, la nacionalidad, el idioma, a menudo la religión. Cosas en común de los padres con sus hijos. Y si bien algunas pueden ser difíciles, no se hacen intentos por curarlas. Podrán decir que en EE.UU. es difícil —a pesar de nuestro actual presidente— si uno tiene origen africano. Y no obstante, nadie intenta asegurar que la próxima generación de niños afro-asiáticos de EE.UU. sean rubios y de piel clara. Existen otras identidades que uno tiene que aprender de sus pares. Yo las llamo identidades horizontales, porque los grupos de pares son una experiencia horizontal. Son identidades ajenas a las de los padres y que uno tiene que descubrir cuando las ve en los pares. Y esas identidades, esas identidades horizontales, las personas casi siempre tratan de curarlas. Y yo quería analizar el proceso mediante el cual las personas con dichas identidades. logran una buena relación con ellas. Y me parecía que había tres niveles de aceptación que tenían que ocurrir: la autoaceptación, la aceptación familiar y la aceptación social. Y no siempre coinciden. Y muchas veces las personas que pasan por esto se enojan mucho porque sienten que sus padres no los aman, cuando lo que ocurre en realidad es que sus padres no los aceptan. El amor, idealmente, es algo incondicional entre padres e hijos. Pero la aceptación es algo que lleva tiempo. Siempre lleva tiempo. Uno de los enanos que conocí era un tipo llamado Clinton Brown. Cuando nació, le diagnosticaron enanismo diastrófico, una enfermedad muy incapacitante, y a sus padres les dijeron que él nunca caminaría, que no tendría la capacidad intelectual, y que, probablemente, ni siquiera los reconocería. Y les sugirieron que lo dejaran en un hospital para que pudiera morir allí en paz. Y su madre se negó a hacerlo. Y se llevó a su hijo a casa. Y si bien ni contaba con mucha formación, ni recursos económicos encontró los mejores médicos del país para tratar el enanismo diastrófico, y llevó a Clinton a las consultas. En el transcurso de su infancia, tuvo 30 intervenciones quirúrgicas importantes. Pasó todo ese tiempo confinado a un hospital debido a esas intervenciones, producto de las cuales hoy puede caminar. Y mientras estaba allí, le mandaron tutores para ayudarle a hacer tareas escolares. Y se esforzó mucho porque no había otra cosa que hacer. Y terminó alcanzando notas excelentes, algo nunca visto en ningún miembro de su familia. De hecho, fue el primero de su familia en ir a la universidad, donde vivió en el campus y condujo un auto especialmente equipado para acomodar su cuerpo inusual. Y su madre me contó que un día fui cerca de la universidad y ella me dijo: "vi ese auto, que siempre puede reconocerse, en el estacionamiento de un bar". (Risas)
"Pensé, ellos miden 1,80 m y él mide la mitad. Dos cervezas para ellos son cuatro para él". Dijo: "Sabía que no podía entrar allí e interrumpirlo, pero volví a casa y le dejé ocho mensajes en el móvil". Dijo: "Y luego pensé que si alguien me hubiera dicho cuando nació que mi preocupación futura sería que bebería y conduciría con sus amigos universitarios..." (Aplausos)
Y le dije: "¿Qué crees que hiciste para ayudarle a sacar adelante a esa persona encantadora y maravillosa?" Y me dijo: "¿Qué hice? Lo amé, eso es todo. Clinton siempre tuvo esa luz dentro de sí.Su padre y yo fuimos afortunados por ser los primeros en descubrirlo". Citaré otra revista de los años 60. Esta es de 1968. The Atlantic Monthly, voz del progresismo estadounidense. Escrito por un importante bioético. Dijo: "No hay razón para sentirse culpable por apartar a un niño con síndrome de Down; ya sea dejándolo, en el sentido de ocultarlo, en un sanatorio o en un sentido más letalmente responsable. Es triste, sí... atroz. Pero no conlleva culpabilidad. El verdadero sentimiento de culpa surge solo de un delito contra una persona, y alguien con Down no es una persona".
Se han destinado ríos de tinta a describir el avance enorme conseguido en el trato a los homosexuales. Ese cambio de actitud está presente en los titulares a diario. Pero olvidamos cómo solíamos ver a otras personas diferentes, cómo solíamos ver a los discapacitados, lo inhumanos que éramos. Y al cambio ocurrido allí, casi tan igualmente radical, no le prestamos demasiada atención. Una de las familias a las que entrevisté, Tom y Karen Robards, fueron tomados por sorpresa cuando, como jóvenes y exitosos neoyorquinos, su primer hijo fue diagnosticado con síndrome de Down. Pensaron que las oportunidades educativas para él no eran lo que deberían ser, y decidieron construir un pequeño centro —dos aulas que equiparon con otros padres— para educar niños con síndrome de Down. Y, con los años, ese centro se convirtió en el Centro Cooke, donde ahora se enseña a miles y miles de niños con discapacidad intelectual. En el tiempo transcurrido desde el artículo del Atlantic Monthly, la expectativa de vida de las personas con Down se ha triplicado. La experiencia de las personas con Down abarca actores escritores, capaces de vivir la vida adulta de manera independiente.
Los Robards tuvieron mucho que ver con eso. Les dije: "¿Se lamentan? ¿Desearían que su hijo no tuviese síndrome de Down? ¿Desearían no haber oído nunca hablar de eso?" Y curiosamente su padre dijo:"Bueno, por David, nuestro hijo, lo lamento, porque para David, es una forma difícil de estar en el mundo, y me gustaría darle a David una vida más fácil. Pero creo que si perdiéramos a todos los que tienen Down, sería catastrófico". Y Karen Robards me dijo: "Opino como Tom. Curaría a David en un instante para darle una vida más fácil. Pero en cuanto a mí, bueno, nunca hubiera creído hace 23 años cuando nació que podía llegar a tal punto; en cuanto a mí, esto me ha hecho mucho mejor y mucho más amable le ha dado más sentido a toda mi vida, que, en lo que a mí respecta, no me rendiría por nada en el mundo".
Vivimos en un momento en el que la aceptación social de estos y muchos otros trastornos está en aumento. Y a la vez vivimos en un momento en el que la capacidad de eliminar estos trastornos ha alcanzado un clímax nunca antes imaginado. La mayoría de los niños sordos de EE.UU. ahora reciben implantes cocleares, colocados en el cerebro y conectados a un receptor, que permiten optar por un equivalente a la audición y desarrollar el habla. Un compuesto probado en ratones, el BMN-111, es útil en la prevención de la acción del gen de la acondroplasia. La acondroplasia es la forma más común de enanismo, y los ratones que recibieron esa sustancia y que tienen el gen de la acondroplasia, crecen al máximo. La prueba en humanos está a la vuelta de la esquina. Los exámenes sanguíneos están progresando y permitirían identificar el síndrome de Down antes y de forma más clara durante el embarazo facilitando cada vez más eliminar esos embarazos, o ponerles fin. De modo que hay tanto progreso social como médico. Y yo creo en ambos.
Creo que el progreso social es fantástico, importante y maravilloso, y pienso lo mismo del progreso médico. Pero pienso que es una tragedia cuando uno no ve al otro. Y cuando veo el modo en que se intersectan en enfermedades como las tres que acabo de describir, a veces pienso que es como esos momentos en la gran ópera en los que el héroe se da cuenta de que ama a la heroína en el preciso instante en el que ella cae muerta en un diván. (Risas)
Tenemos que pensar en qué sentimos respecto de la cura. A menudo la paternidad consiste en qué aceptar de nuestros hijos y qué curar. Jim Sinclair, un destacado activista del autismo, dijo: "Cuando los padres dicen: 'Me gustaría que mi hijo no tuviese autismo', en realidad están diciendo: 'Me gustaría que el niño que tuve no existiera y tener otro distinto, que no tuviera autismo'. Lean de nuevo. Esto es lo que oímos cuando lamentamos nuestra existencia. Esto es lo que oímos cuando Uds. rezan por una cura y su mayor deseo para nosotros es que un día dejemos de existir para que extraños que Uds. puedan amar, ocupen nuestro lugar".
Es un punto de vista muy extremo, pero resalta la realidad de que las personas se involucran con la vida que tienen y no quieren ser curados, cambiados o eliminados. Quieren ser quienes quiera que hayan llegado a ser.Una de las familias que entrevisté para este proyecto fue la familia de Dylan Klebold, uno de los autores de la masacre de Columbine. Llevó mucho tiempo persuadirlos para que hablaran conmigo, y una vez persuadidos, estaban tan cargados de su historia que no podían dejar de hablar de eso. El primer fin de semana que pasé con ellos, el primero de muchos, grabé más de 20 horas de conversación. Y el domingo por la noche estábamos todos cansados. Estábamos sentados en la cocina. Sue Klebold estaba preparando la cena. Y dije: "Si Dylan estuviese aquí ahora, ¿tienen idea de lo que les gustaría preguntarle?" Y su padre dijo: "Claro que sí. Me gustaría preguntarle qué demonios pensaba que estaba haciendo". Y Sue miró al suelo, pensó un minuto, y luego alzó la mirada y dijo: "Yo le pediría que me perdonara por ser su madre y no saber nunca lo que estaba pasando por su cabeza". Cuando cené con ella un par de años más tarde, una de muchas cenas que compartimos, me dijo: "Sabes, cuando ocurrió, solía desear nunca haberme casado, nunca haber tenido hijos. De no haber ido al estado de Ohio y cruzarme con Tom, ese chico nunca habría existido y esta cosa terrible nunca habría ocurrido. Pero he llegado a sentir que amo tanto a los hijos que tuve que no quiero imaginar una vida sin ellos. Reconozco el dolor que le causaron a otros, y eso no tiene perdón, pero el dolor que me causaron a mí, existe", dijo. "Así que, aunque reconozco que habría sido mejor para el mundo si Dylan nunca hubiera nacido, he decidido que no habría sido mejor para mí".
Pensé que era sorprendente cómo todas estas familias tenían todos estos niños con todos estos problemas, problemas que en su mayoría habrían hecho cualquier cosa para evitar, y que todos habían encontrado mucho sentido en esa experiencia de ser padres. Y luego pensé que todos los que tenemos hijos amamos a los hijos que tenemos, con sus errores. Si, de repente, bajara del cielo un ángel a mi sala de estar y ofreciera llevarse los hijos que tengo y darme otros mejores —más educados, más divertidos, más bonitos, más inteligentes— me aferraría a los hijos que tengo y pondría fin ese atroz espectáculo. En última instancia siento que de la misma forma en que probamos pijamas ignífugos en el fuego para asegurarnos de que no se incendien cuando nuestros hijos se acercan a un horno, estas historias de familias que negocian diferencias extremas reflejan la experiencia universal de la paternidad, eso que siempre que uno mira a sus hijos le hace pensar: ¿de dónde vienen Uds.? (Risas)
Resulta que mientras cada una de estas diferencias individuales es una isla... hay muchas familias que lidian con la esquizofrenia, hay muchas familias de niños transgénero, hay muchas familias de niños prodigio que, en cierta manera, también se enfrentan a retos similares, hay muchas familias en cada una de esas categorías; pero si empezamos a pensar en cómo abordar la experiencia de negociar las diferencias dentro de la familia, entonces descubrimos que es un fenómeno casi universal. Irónicamente, resulta que son nuestras diferencias y la negociación de la diferencia lo que nos une. Decidí tener hijos mientras trabajaba en este proyecto. Y muchas personas asombradas me decían: "Pero, ¿cómo puedes decidir tener hijos en medio de un estudio de todo lo que puede salir mal?" Y dije: "No estoy estudiando todo lo que puede salir mal. Estoy estudiando cuánto amor puede haber, aun cuando todo parece estar saliendo mal".
Pensé mucho en la madre de un niño discapacitado que había visto; un niño con discapacidad grave que murió por negligencia de su cuidador. Y en el entierro de sus cenizas, su madre dijo: "Pido perdón por ser arrebatada dos veces, una vez el niño que deseaba y una vez el hijo que amaba". Y pensé que era posible, entonces, que cualquier persona amara a cualquier niño si tenía la voluntad efectiva de hacerlo. Así que mi marido es el padre biológico de dos hijos con unas amigas lesbianas de Minneapolis. Yo tenía una amiga de la universidad que se había divorciado y quería tener hijos. Así que ella y yo tuvimos una niña, y madre e hija viven en Texas. Y mi esposo y yo tenemos un hijo que vive con nosotros todo el tiempo del cual yo soy el padre biológico, y la madre sustituta por subrogación fue Laura, la madre lesbiana de Oliver y Lucy de Minneapolis. (Aplausos)
El resumen es cinco padres, de cuatro niños, en tres estados. Y hay gente que piensa que la existencia de mi familia de alguna manera socava, debilita o daña a su familia. Hay gente que piensa que familias como la mía no deberían existir. Y yo no acepto modelos sustractivos de amor, sólo aditivos. Creo que de la misma manera que necesitamos diversidad de especies para asegurar la continuidad del planeta, también necesitamos esta diversidad de afectos y de familias para fortalecer la ecosfera de la bondad. Al día siguiente de nacer nuestro hijo, vino la pediatra a la habitación y dijo que estaba preocupada. El bebé no estiraba las piernas como debía. Dijo que podría tener daño cerebral. Al extender sus piernas, lo hacía de forma muy asimétrica, por eso ella pensó que podía tratarse de la acción de un tumor. Y tenía una cabeza muy grande, por eso pensó podría indicar hidrocefalia. Y a medida que me decía todo esto, yo sentía que mi ser se desmoronaba. Y pensé, había estado trabajando durante años en un libro sobre cuánto sentido encontraba la gente en la paternidad de niños discapacitados, y yo no quería engrosar esas filas. Porque lo que encontraba era una idea de enfermedad. Y como todos los padres, desde los albores del tiempo, quería proteger a mi hijo de la enfermedad. Y también quería protegerme yo de la enfermedad. Pero sabía, por el trabajo realizado, que si él tenía algo de eso que estaban buscando que esa, en última instancia, sería su identidad, y si esa era su identidad, se volvería mi identidad, que esa enfermedad adoptaría una forma muy diferente conforme se desarrollara. Lo llevamos a la máquina de resonancia magnética, lo llevamos al escáner CAT, a ese niño de un día de vida le tomamos muestras de sangre arterial. Sentimos impotencia. Y al cabo de cinco horas dijeron que su cerebro estaba completamente bien y que extendía sus piernas correctamente. Y cuando le pregunté a la pediatra qué había sucedido, dijo que pensaba que en la mañana probablemente había tenido un calambre. (Risas)
Pensé cuánta razón tenía mi madre. Pensé que el amor que uno siente por sus hijos es diferente de cualquier otro sentimiento en el mundo y hasta que uno no tiene hijos, no sabe lo que se siente. Creo que los niños me atraparon en el momento en que conecté paternidad con pérdida. Pero no estoy seguro de si habría notado eso de no haber participado en el meollo de esa investigación. Encontré tanto amor extraño, que sucumbí muy naturalmente a sus patrones de fascinación. Y vi cómo el esplendor puede iluminar incluso las vulnerabilidades más abyectas. Durante estos 10 años fui testigo y aprendí la alegría terrible de la insoportable responsabilidad, y llegué a ver cómo eso conquista todo lo demás. Y aunque a veces había pensado que los padres que había entrevistado eran tontos, al esclavizarse de por vida a sus hijos ingratos tratando de crear identidad de la miseria, me di cuenta ese día que mi investigación me había dado una herramienta y que estaba listo para sumarme a su nave. Gracias. (Aplausos)
Fluir en la crianza respetuosa:
Amor incondicional:
TED Talk de Amy Cuddy
Amy es psicólogo social, aquí tienes el video con subtítulos en castellano y más abajo la transcripción del mismo:
Amy es psicólogo social, aquí tienes el video con subtítulos en castellano y más abajo la transcripción del mismo:
Transcripción del TED Talk de Amy Cuddy (fuente):
0:11 Quiero comenzar ofreciéndoles un sencillo truco productivo que solo requiere lo siguiente: que cambien de postura por 2 minutos. Pero antes, quiero pedirles que ahora mismo hagan una revisión de su cuerpo y de lo que están haciendo con él. Veamos, ¿cuántos de Uds. están empequeñecidos? Quizás se están encorvando, o están cruzando las piernas, o tienen las manos en los tobillos. A veces cruzamos los brazos, así, o los extendemos. (Risas) Puedo verlos. (Risas) Quiero que se fijen en lo que están haciendo ahora mismo. En unos minutos volveremos a esto y espero que si aprenden a hacer un pequeño cambio, pueda cambiar notablemente el desarrollo de su vida.
0:58 Estoy fascinada con el lenguaje corporal, y en particular me interesa el lenguaje de los demás. Es decir, me interesa, ya saben... (Risas) una interacción torpe o una sonrisa, una mirada despectiva, quizás un guiño extraño, o inclusive algo como un apretón de manos.
1:22 Narrador: Aquí están llegando al número 10 y vean este afortunado policía que le da la mano al Presidente de los EE.UU. Ah, aquí llega el Primer Ministro de... No. (Risas) (Aplausos) (Risas) (Aplausos)
1:37 Amy Cuddy: Así que un apretón de manos, o su omisión, puede ser tema de conversación durante semanas. Aún en la BBC o en el New York Times. Obviamente, al hablar de comportamiento no verbal o lenguaje corporal no verbal, como lo denominamos los sociólogos es lenguaje, así que pensamos en comunicación. Y cuando nos referimos a comunicación, se trata de interacciones. ¿Qué me comunica tu lenguaje corporal? Y ¿qué te dice a ti el mío?
2:04 Hay muchas razones para pensar que esto es una forma válida de verlo. Los sociólogos han empleado mucho tiempo estudiando los efectos de nuestro lenguaje corporal o el de los demás, en nuestros juicios. Emitimos juicios rápidos e inferencias, basados en el lenguaje corporal. Esos juicios pueden predecir resultados verdaderamente vitales, como a quién contrataremos o promoveremos, o a quién invitaremos a salir. Por ejemplo, Nalini Ambady, investigadora de la Universidad de Tufts, dice que cuando la gente observa videos mudos de 30 seg. de interacciones reales de médicos y pacientes, sus juicios sobre la amabilidad del doctor pueden predecir si ese médico va a ser demandado. No tiene mucha relación con la competencia del médico, sino con el hecho de que nos guste la persona y la manera en que interactúa. Más drástico, Alex Todorov de Princeton, ha mostrado que los juicios sobre la cara de los candidatos en solo un segundo, predice el 70% de los resultados electorales para el senado o congreso. Vayamos incluso del ámbito digital, los emoticones utilizados en negociaciones por Internet pueden conducir a mayores ganancias. Si los usas mal, malo. ¿Cierto? Si pensamos en lo no verbal, hablamos de cómo juzgamos a los demás, cómo nos juzgan los demás, y cuáles son los resultados. Tenemos la tendencia, sin embargo, a ignorar al otro, que está influenciado por lo no verbal: nosotros mismos.
3:31 Estamos influenciados por nuestros propias expresiones no verbales, pensamientos sentimientos, y por nuestra fisiología. ¿A qué lenguaje no verbal me refiero? Soy psicóloga social. Estudio los prejuicios y enseño en una reconocida escuela de negocios, lo que era inevitable interesarme en la dinámica del poder, especialmente en las expresiones no verbales de poder y dominio.
3:56 Y ¿cuáles son esas expresiones de poder y dominio? Bueno, son éstas. En el reino animal, se trata de la expansión. Te haces grande, te expandes, tomas espacio, básicamente, te abres. Se trata de apertura. Y esto es así en todo el reino animal. No solo en primates. Los humanos somos iguales. (Risas) Hacemos así cuando nos sentimos poderosos continuamente, y también cuando es algo temporal. Esto es especialmente interesante porque nos muestra verdaderamente qué tan universales y antiguas, son estas expresiones de poder. Esta expresión, conocida como de orgullo, ha sido estudiada por Jessica Tracy. Ella muestra que las personas videntes, igual que las invidentes de nacimiento, hacen esto cuando ganan en una competencia física. Así, cuando alguien cruza la meta y gana, no importa si no han visto a nadie hacerlo, igual lo hacen. Las manos arriba en forma de V y levantan la cara un poco. ¿Qué hacemos cuando nos sentimos impotentes? Exactamente lo contrario. Nos cerramos. Nos envolvemos. Nos hacemos pequeños. No queremos tropezar con los de al lado. Nuevamente, los animales y los humanos hacemos lo mismo. Esto es lo que sucede cuando se juntan el gran poder con la inferioridad. Si se trata de poder, tenemos la tendencia a complementar los gestos no verbales de los otros. Si alguien se muestra muy poderoso con nosotros, tenemos la tendencia a hacernos pequeños. No lo imitamos. Hacemos lo contrario.
5:24 Así que observo estos comportamientos en clase, y ¿qué veo? Noto que los estudiantes de administración muestran toda la gama de expresiones no verbales de poder. Hay unos que parecen caricarturas de alfas: Llegan al salón, y se dirigen al centro antes de comenzar la clase. Quieren ocupar mucho espacio. Al sentarse, se abren por completo. Levantan la mano, así. Y hay otros que virtualmente empequeñecen al llegar. Desde el primer momento, puede verse. Se les ve en la cara y en el cuerpo. Se sientan en su silla, bien pequeñitos. Y al levantar la mano, lo hacen así. Veo un par de cosas en esto. La primera, no se van a sorprender, parece relacionada con el género. Las mujeres hacen esto mucho más que los hombres. Las mujeres se sienten siempre más débiles que los hombres; así que no nos sorprende. También he notado algo que parece relacionarse con el grado de participación de los estudiantes, y en lo bien que lo hacen. Esto es importante en un aula de administración porque la participación vale la mitad de la nota.
6:33 Las escuelas de administración han batallado con esta diferencia de notas entre géneros. Se reciben hombres y mujeres igualmente bien preparados y más tarde obtienen esas diferencias en califiaciones que parecen atribuirse, en parte, a la participación Entonces empecé a pensar que estas personas llegan así, y todos participan. ¿Sería posible encontrar personas que finjieran y que eso hiciera que participaran más?
6:57 Con mi principal colaboradora, Dana Carney, de Berkeley, quisimos determinar si la simulación nos puede llevar a la realización. Es decir, ¿podremos hacerlo por un breve lapso y luego experimentar un comportamiento que te haga ver más fuerte? Sabemos que lo no verbal determina qué piensan los demás de nosotros. Hay bastante evidencia al respecto. Pero nuestra pregunta específica era: ¿los gestos no verbales definen lo que pensamos y sentimos sobre nosotros mismos?
7:24 Hay evidencias para pensar que así es. Así, por ejemplo, sonreímos cuando nos sentimos felices pero también cuando nos vemos forzados a sonreír mordiendo una pluma con los dientes de esta forma, Es algo bidireccional. También el poder va en las dos direcciones. Cuando te sientes poderoso es probable que hagas esto, pero también es posible que, si finges ser poderoso, sea más probable que te sientas en realidad poderoso.
7:57 Entonces, la segunda pregunta es que si sabemos que la mente puede inducir cambios en el cuerpo, ¿es posible que también el cuerpo haga cambiar la mente? Y cuando digo mente, en el caso del poder, ¿de qué estoy hablando? Me refiero a pensamientos, sentimientos y al tipo de cosas fisiológicas que componen nuestros pensamientos y sentimientos. En este caso hablo de hormonas. Estudio las hormonas. ¿En qué se parece el cerebro de un poderoso al de alguien sin poder? Los poderosos tienden a ser, no nos sorprende, más positivos, a tener más confianza, más optimismo. Piensan que pueden ganar inclusive en juegos de azar. También tienden a pensar más en forma abstracta. Hay muchas diferencias. Son más arriesgados. Hay muchas diferencias entre los poderosos y los que no lo son. Fisiológicamente también hay diferencias en dos hormonas claves: la testosterona, que es la hormona del la dominación, y el cortisol, la hormona del estrés. Lo que se ha visto es que los individuos masculinos más poderosos en jerarquías de primates, tienen alta la testosterona y bajo el cortisol, y los líderes poderosos y efectivos, también tienen alta la testosterona y bajo el cortisol. ¿Qué quiere decir esto? Si hablamos de poder, la gente pensaba solamente en la testosterona, por su relación con la dominación. Pero el poder también se relaciona con cómo reaccionamos al estrés. ¿Queremos que el líder poderoso y dominante, tenga alta testosterona, pero sea susceptible al estrés? Probablemente no, ¿cierto? Queremos una persona poderosa, positiva y dominante, que no se afecte por el estrés, una persona que pueda relajarse
9:37 Sabemos que en las jerarquías de primates, si un alfa tiene que tomar control, si alguien tiene que asumir el mando, tomar de pronto ese papel, supone que en unos días, su testosterona se eleva sustancialmente y su cortisol baja igualmente. Tenemos esa evidencia, que el cuerpo puede moldear la mente, al menos a nivel facial, y también que el papel asumido puede moldear la mente. Entonces ¿qué ocurre cuando se asume un cambio de papel? ¿Qué pasa si se hace a un nivel mínimo, como esta pequeña manipulación o intervención? Le decimos, "quiero que durante dos minutos te pongas de pie así, y eso te hará sentir más poderoso".
10:19 Así lo hicimos. Decidimos traer gente al laboratorio para un pequeño experimento. Estas personas, por 2 minutos, asumieron posiciones. ya sea de poder o de debilidad. Les mostraré 5 ó 6 de estas posiciones, aunque ellos probaron solo 2. Esta es una. Un par más. A esta la prensa la llamó la "Mujer Maravilla". Aquí hay otro par. Pueden estar de pié, o sentados. Ahora las posiciones de debilidad. Se doblan, se hacen pequeñitos. Esta es de muy bajo poder. Si te tocas el cuello te estás protegiendo, realmente. Esto es lo que sucede. Ellos llegan, escupen en un frasco, y les decimos por 2 minutos: "Quiero que hagas esto, o lo otro". Ellos no ven las fotos de las posiciones. No queremos inducirlos con un concepto de poder. Queremos que sientan el poder, ¿de acuerdo? Por 2 minutos lo hacen. Y luego les preguntamos, "¿Qué tan poderoso te sientes? Y luego les damos la oportunidad de apostar, y por último tomamos otra muestra de saliva. Eso es todo el experimento.
11:28 Y esto es lo que encontramos. En tolerancia al riesgo, a apostar, descubrimos que quienes asumen la posición de mucho poder, se arriesgan a apostar en el 86%. De los que están en posición de debilidad, solo el 60%. Es una enorme diferencia. Veamos lo que encontramos con la testosterona. Partiendo de su situación normal al llegar, los muy poderosos experimentan un incremento del 20%. Y los débiles una disminución del 10%. De nuevo, 2 minutos, y se obtienen esos cambios. Y ahora los resultados con cortisol. Los más poderosos experimentan un 25% de disminución, mientras que los más débiles un aumento del 15%. Esos 2 minutos conducen a estos cambios hormonales que configuran el cerebro, para hacerlo positivo, seguro, cómodo; o bien, sujeto al estrés, ya saben, que uno se siente como apagado. Todos conocemos esa sensación, ¿cierto? Parece ser que nuestras expresiones no verbales pueden regir cómo nos vemos a nosotros mismos. No solo a los demás, sino a uno mismo. También el cuerpo puede hacer cambiar la mente.
12:36 La siguiente pregunta es, naturalmente, ¿es posible que una posición de poder de 2 minutos te cambie la vida de manera significativa? Esa fue una breve experiencia en el laboratorio, de solo 2 minutos. ¿Cómo se puede aplicar esto? Naturalmente, estuvimos pensando en esto. La idea es que lo que realmente importa es dónde se desea llevar a cabo la evaluación de situaciones socialmente exigentes. ¿Dónde te analizan tus amigos? Como sucede para los adolescentes en la mesa de la cafetería. Para algunos puede ser tener que hablar en la junta de la escuela. O al presentar una propuesta de un negocio, o al dar una charla como esta, o en una entrevista de trabajo. Escogimos el caso que la mayoría de la gente conoce porque ha pasado por esa situación: la entrevista de trabajo.
13:20 Entonces publicamos los resultados, y los medios se interesaron, y dijeron: "Bien, esto es lo que hay que hacer cuando vas a una entrevista, ¿correcto?" (Risas) Naturalmente quedamos horrorizados, y dijimos: "No, por Dios, no, no. Eso no es lo que queremos decir. Por muchas razones, no, no, no. No vayan a hacer eso". De nuevo, no se trata de hablarle a otras personas. Es hablar consigo mismo. ¿Qué haces cuando vas a una entrevista de trabajo? Esto. ¿Correcto? Estás sentado, mirando al iPhone, o al Android, sin tratar de excluir a nadie. Estás repasando tus notas, releyendo, todo encorvado. haciéndote pequeño, cuando en realidad deberías hacer así, tal vez en el baño, ¿correcto? Hazlo. Tómate 2 minutos. Eso es lo que queremos evaluar, ¿de acuerdo? Invitamos a varias personas al laboratorio a tomar posiciones de alto o de bajo poder. Se someten a una entrevista de trabajo muy estresante. Dura 5 minutos. Todo se está grabando. También los están juzgando, y los jueces están entrenados en no dar ninguna retroalimentación no verbal. Se ven así. Imaginen que éste es el que te está entrevistando. Durante 5 minutos no pasa nada. Esto es peor que las interrupciones. Detestamos eso. Es lo que Marianne LaFrance llama "pararse sobre arena movediza". Esto dispara el cortisol. Esta es la entrevista de trabajo a la que los sometimos, porque queríamos saber lo que sucede realmente. Tenemos cuatro analistas para que miren las cintas. Ellos no conocen la hipótesis, ni las condiciones. No saben qué posiciones han tomado las personas, y al terminar de mirar las cintas, dicen: "Ah. Yo quisiera contratar estas personas", las de las posiciones de alto poder, y "no quisiera contratar a estos. Les damos una evaluación mucho más positiva, en general". Pero, ¿qué los motiva? No se trata del contenido del discurso. Se trata de la presencia con que vienen a la entrevista. Los calificamos en todas las variables relacionadas con la competencia, como, ¿Qué tan estructurado es su discurso? ¿Qué tan bueno es? ¿Cuáles son sus condiciones para el cargo? No hay ningún efecto en esto. Esto es lo que los afecta. Estos asuntos. Cada persona trae su verdadera personalidad, básicamente. Lo que traen es lo que son. Traen sus ideas, representadas por sí mismos, sin ningún sobrante. Así que esto es lo que produce o media el efecto.
15:35 Cuando hablo de esto, que el cuerpo puede afectar la mente, que la mente puede afectar el comportamiento y que el comportamiento puede alterar los resultados, me dicen, "No me gusta. No parece auténtico". ¿Correcto? Les contesto, finge hasta hacerlo. Yo no, yo no soy éste. No quiero llegar y sentirme como si fuera un fraude. No quiero sentirme como un impostor. No quiero llegar y sentirme en el lugar equivocado. Eso para mi, es muy importante, porque quiero contarles una pequeña historia sobre ser una impostora y estar en el lugar equivocado.
16:06 Cuando tenía 19 años, tuve un accidente de auto muy grave. Salí expulsada del auto y di muchas vueltas. Salí del auto y me desperté con una herida en la cabeza, en el pabellón de rehabilitación. Me habían retirado de la universidad y supe que mi coeficiente intelectual (CI) había caído 2 desviaciones estándar. Fue muy traumático. Supe que mi CI había bajado porque me habían identificado como alguien brillante, y antes me habían llamado niña prodigio. Así, que me retiraron de la universidad y yo trataba de volver. Me decían: "No podrás terminar el programa. Simplemente acepta que hay otras cosas que puedes hacer, pero esto no te va a funcionar". Tuve que luchar con esto, y debo decir, que te quiten tu identidad, tu verdadera identidad, —para mi era el ser brillante— que te lo arrebaten... No hay nada que te haga sentir más impotente que eso. Me sentía totalmente impotente. Me esforcé, trabajé y trabajé. Tuve suerte y trabajé; tuve más suerte y seguí trabajando.
17:01 Hasta que por fin me gradué en la universidad. Me tomó 4 años más que a mis compañeros. Logré convencer a alguien, mi ángel consejera, Susan Fiske, que me aceptara, y así terminé en Princeton. Pensaba que yo no debería estar ahí. Yo era una impostora. La noche anterior a mi charla de primer año; en Princeton la charla de primer año es de 20 minutos, con 20 personas. Así es. Tenía tanto temor de verme excluída al día siguiente, que la llamé y le dije, "Renuncio". Ella me contestó: "No vas a renunciar porque yo estoy arriesgándome contigo, y tú te quedas. Te vas a quedar. Te diré lo que vas a hacer. Vas a fingir. Vas a dictar todas las charlas que te puedan solicitar. Vas a hacerlo cuantas veces sea posible, aunque te aterres y te paralices, y tengas una experiencia fuera de tí misma, hasta que llegue el momento de decir, ´Caramba. Lo estoy logrando. Ya me transformé y en verdad lo estoy haciendo´" Y eso fue lo que hice. 5 años en el postgrado, en unos cuantos años, y estoy en Northwestern, y luego me mudé a Harvard, ahí estoy. Ya no lo pienso más. Pero por un buen tiempo estuve repitiéndome, "No debería estar aquí. No debería estar aquí".
18:07 Al final de mi primer año en Harvard, una estudiante que no había hablado en clase durante todo el semestre, a quien le habían dicho, "Tienes que participar o suspenderás", vino a mi oficina. Yo no la había conocido antes. Y, totalmente derrotada, me dijo: "Yo no debería estar aquí". Ese fue mi momento, por que me ocurrieron dos cosas. La primera fue que me di cuenta, caramba, ya no me siento más así. Ya no siento esos temores. Pero ella si los siente y yo la comprendo. Y la segunda fue ¡ella sí debe estar aquí! De igual forma, si puede fingirlo, puede lograrlo. Así, le dije: "Sí, por supuesto. ¡Tú debes estar aquí! Y mañana vas a aparentar que puedes. vas a volverte poderosa y, ya sabes, vas a — " (Aplausos) (Aplausos) "Vas a ir a la clase, y vas a hacer el mejor comentario de todos". ¿Saben? Ella hizo el mejor comentario de todos. y todos vinieron a rodearla y decían: "Ay, ni habíamos notado estar ahí sentada" ¿Se imaginan? (Risas)
19:13 Ella regresó unos meses más tarde, y me di cuenta que no solo había fingido hasta que lograrlo, sino que en realidad había fingido hasta transformarse. Ella había cambiado. Ahora quiero decirles, que no hay que fingir hasta hacerlo. Fínjanlo hasta serlo. ¿Saben? Hay que hacerlo suficientemente hasta transformarse e internalizarlo.
19:33 Lo último que les voy a dejar es esto. Pequeños retoques pueden llevar a grandes cambios. Eso sucede en 2 minutos. 2 minutos, 2 minutos, 2 minutos. Antes de la próxima situación estresante de evaluación , durante 2 minutos, traten de hacer esto, en el ascensor, en el baño, en su escritorio a puerta cerrada. Eso es lo que quieren hacer. Configuren su cerebro para lograr lo mejor de la situación. Hay que elevar la testosterona. Y bajar el cortisol. No salgan de esa situación pensando que no mostraron lo que son. Salgan de esa situación sintiendo creer que que han dicho quienes son y lo han demostrado.
20:09 Por eso quiero pedirles primero, que traten de asumir una posición de poder, y también quiero pedirles que compartan la teoría, porque esto es simple. No hay ningún ego en esto. (Risas) Dénselo a la gente, compártanlo, porque los que pueden usarlo mejor son los que no tienen recursos, ni tecnología, ni posición, ni ningún poder. Hay que dárselo a ellos porque pueden hacerlo en privado. Necesitan sus cuerpos, privacidad y dos minutos, y puede cambiar significativamente los resultados de su vida. Gracias. (Aplausos) (Aplausos)
0:11 Quiero comenzar ofreciéndoles un sencillo truco productivo que solo requiere lo siguiente: que cambien de postura por 2 minutos. Pero antes, quiero pedirles que ahora mismo hagan una revisión de su cuerpo y de lo que están haciendo con él. Veamos, ¿cuántos de Uds. están empequeñecidos? Quizás se están encorvando, o están cruzando las piernas, o tienen las manos en los tobillos. A veces cruzamos los brazos, así, o los extendemos. (Risas) Puedo verlos. (Risas) Quiero que se fijen en lo que están haciendo ahora mismo. En unos minutos volveremos a esto y espero que si aprenden a hacer un pequeño cambio, pueda cambiar notablemente el desarrollo de su vida.
0:58 Estoy fascinada con el lenguaje corporal, y en particular me interesa el lenguaje de los demás. Es decir, me interesa, ya saben... (Risas) una interacción torpe o una sonrisa, una mirada despectiva, quizás un guiño extraño, o inclusive algo como un apretón de manos.
1:22 Narrador: Aquí están llegando al número 10 y vean este afortunado policía que le da la mano al Presidente de los EE.UU. Ah, aquí llega el Primer Ministro de... No. (Risas) (Aplausos) (Risas) (Aplausos)
1:37 Amy Cuddy: Así que un apretón de manos, o su omisión, puede ser tema de conversación durante semanas. Aún en la BBC o en el New York Times. Obviamente, al hablar de comportamiento no verbal o lenguaje corporal no verbal, como lo denominamos los sociólogos es lenguaje, así que pensamos en comunicación. Y cuando nos referimos a comunicación, se trata de interacciones. ¿Qué me comunica tu lenguaje corporal? Y ¿qué te dice a ti el mío?
2:04 Hay muchas razones para pensar que esto es una forma válida de verlo. Los sociólogos han empleado mucho tiempo estudiando los efectos de nuestro lenguaje corporal o el de los demás, en nuestros juicios. Emitimos juicios rápidos e inferencias, basados en el lenguaje corporal. Esos juicios pueden predecir resultados verdaderamente vitales, como a quién contrataremos o promoveremos, o a quién invitaremos a salir. Por ejemplo, Nalini Ambady, investigadora de la Universidad de Tufts, dice que cuando la gente observa videos mudos de 30 seg. de interacciones reales de médicos y pacientes, sus juicios sobre la amabilidad del doctor pueden predecir si ese médico va a ser demandado. No tiene mucha relación con la competencia del médico, sino con el hecho de que nos guste la persona y la manera en que interactúa. Más drástico, Alex Todorov de Princeton, ha mostrado que los juicios sobre la cara de los candidatos en solo un segundo, predice el 70% de los resultados electorales para el senado o congreso. Vayamos incluso del ámbito digital, los emoticones utilizados en negociaciones por Internet pueden conducir a mayores ganancias. Si los usas mal, malo. ¿Cierto? Si pensamos en lo no verbal, hablamos de cómo juzgamos a los demás, cómo nos juzgan los demás, y cuáles son los resultados. Tenemos la tendencia, sin embargo, a ignorar al otro, que está influenciado por lo no verbal: nosotros mismos.
3:31 Estamos influenciados por nuestros propias expresiones no verbales, pensamientos sentimientos, y por nuestra fisiología. ¿A qué lenguaje no verbal me refiero? Soy psicóloga social. Estudio los prejuicios y enseño en una reconocida escuela de negocios, lo que era inevitable interesarme en la dinámica del poder, especialmente en las expresiones no verbales de poder y dominio.
3:56 Y ¿cuáles son esas expresiones de poder y dominio? Bueno, son éstas. En el reino animal, se trata de la expansión. Te haces grande, te expandes, tomas espacio, básicamente, te abres. Se trata de apertura. Y esto es así en todo el reino animal. No solo en primates. Los humanos somos iguales. (Risas) Hacemos así cuando nos sentimos poderosos continuamente, y también cuando es algo temporal. Esto es especialmente interesante porque nos muestra verdaderamente qué tan universales y antiguas, son estas expresiones de poder. Esta expresión, conocida como de orgullo, ha sido estudiada por Jessica Tracy. Ella muestra que las personas videntes, igual que las invidentes de nacimiento, hacen esto cuando ganan en una competencia física. Así, cuando alguien cruza la meta y gana, no importa si no han visto a nadie hacerlo, igual lo hacen. Las manos arriba en forma de V y levantan la cara un poco. ¿Qué hacemos cuando nos sentimos impotentes? Exactamente lo contrario. Nos cerramos. Nos envolvemos. Nos hacemos pequeños. No queremos tropezar con los de al lado. Nuevamente, los animales y los humanos hacemos lo mismo. Esto es lo que sucede cuando se juntan el gran poder con la inferioridad. Si se trata de poder, tenemos la tendencia a complementar los gestos no verbales de los otros. Si alguien se muestra muy poderoso con nosotros, tenemos la tendencia a hacernos pequeños. No lo imitamos. Hacemos lo contrario.
5:24 Así que observo estos comportamientos en clase, y ¿qué veo? Noto que los estudiantes de administración muestran toda la gama de expresiones no verbales de poder. Hay unos que parecen caricarturas de alfas: Llegan al salón, y se dirigen al centro antes de comenzar la clase. Quieren ocupar mucho espacio. Al sentarse, se abren por completo. Levantan la mano, así. Y hay otros que virtualmente empequeñecen al llegar. Desde el primer momento, puede verse. Se les ve en la cara y en el cuerpo. Se sientan en su silla, bien pequeñitos. Y al levantar la mano, lo hacen así. Veo un par de cosas en esto. La primera, no se van a sorprender, parece relacionada con el género. Las mujeres hacen esto mucho más que los hombres. Las mujeres se sienten siempre más débiles que los hombres; así que no nos sorprende. También he notado algo que parece relacionarse con el grado de participación de los estudiantes, y en lo bien que lo hacen. Esto es importante en un aula de administración porque la participación vale la mitad de la nota.
6:33 Las escuelas de administración han batallado con esta diferencia de notas entre géneros. Se reciben hombres y mujeres igualmente bien preparados y más tarde obtienen esas diferencias en califiaciones que parecen atribuirse, en parte, a la participación Entonces empecé a pensar que estas personas llegan así, y todos participan. ¿Sería posible encontrar personas que finjieran y que eso hiciera que participaran más?
6:57 Con mi principal colaboradora, Dana Carney, de Berkeley, quisimos determinar si la simulación nos puede llevar a la realización. Es decir, ¿podremos hacerlo por un breve lapso y luego experimentar un comportamiento que te haga ver más fuerte? Sabemos que lo no verbal determina qué piensan los demás de nosotros. Hay bastante evidencia al respecto. Pero nuestra pregunta específica era: ¿los gestos no verbales definen lo que pensamos y sentimos sobre nosotros mismos?
7:24 Hay evidencias para pensar que así es. Así, por ejemplo, sonreímos cuando nos sentimos felices pero también cuando nos vemos forzados a sonreír mordiendo una pluma con los dientes de esta forma, Es algo bidireccional. También el poder va en las dos direcciones. Cuando te sientes poderoso es probable que hagas esto, pero también es posible que, si finges ser poderoso, sea más probable que te sientas en realidad poderoso.
7:57 Entonces, la segunda pregunta es que si sabemos que la mente puede inducir cambios en el cuerpo, ¿es posible que también el cuerpo haga cambiar la mente? Y cuando digo mente, en el caso del poder, ¿de qué estoy hablando? Me refiero a pensamientos, sentimientos y al tipo de cosas fisiológicas que componen nuestros pensamientos y sentimientos. En este caso hablo de hormonas. Estudio las hormonas. ¿En qué se parece el cerebro de un poderoso al de alguien sin poder? Los poderosos tienden a ser, no nos sorprende, más positivos, a tener más confianza, más optimismo. Piensan que pueden ganar inclusive en juegos de azar. También tienden a pensar más en forma abstracta. Hay muchas diferencias. Son más arriesgados. Hay muchas diferencias entre los poderosos y los que no lo son. Fisiológicamente también hay diferencias en dos hormonas claves: la testosterona, que es la hormona del la dominación, y el cortisol, la hormona del estrés. Lo que se ha visto es que los individuos masculinos más poderosos en jerarquías de primates, tienen alta la testosterona y bajo el cortisol, y los líderes poderosos y efectivos, también tienen alta la testosterona y bajo el cortisol. ¿Qué quiere decir esto? Si hablamos de poder, la gente pensaba solamente en la testosterona, por su relación con la dominación. Pero el poder también se relaciona con cómo reaccionamos al estrés. ¿Queremos que el líder poderoso y dominante, tenga alta testosterona, pero sea susceptible al estrés? Probablemente no, ¿cierto? Queremos una persona poderosa, positiva y dominante, que no se afecte por el estrés, una persona que pueda relajarse
9:37 Sabemos que en las jerarquías de primates, si un alfa tiene que tomar control, si alguien tiene que asumir el mando, tomar de pronto ese papel, supone que en unos días, su testosterona se eleva sustancialmente y su cortisol baja igualmente. Tenemos esa evidencia, que el cuerpo puede moldear la mente, al menos a nivel facial, y también que el papel asumido puede moldear la mente. Entonces ¿qué ocurre cuando se asume un cambio de papel? ¿Qué pasa si se hace a un nivel mínimo, como esta pequeña manipulación o intervención? Le decimos, "quiero que durante dos minutos te pongas de pie así, y eso te hará sentir más poderoso".
10:19 Así lo hicimos. Decidimos traer gente al laboratorio para un pequeño experimento. Estas personas, por 2 minutos, asumieron posiciones. ya sea de poder o de debilidad. Les mostraré 5 ó 6 de estas posiciones, aunque ellos probaron solo 2. Esta es una. Un par más. A esta la prensa la llamó la "Mujer Maravilla". Aquí hay otro par. Pueden estar de pié, o sentados. Ahora las posiciones de debilidad. Se doblan, se hacen pequeñitos. Esta es de muy bajo poder. Si te tocas el cuello te estás protegiendo, realmente. Esto es lo que sucede. Ellos llegan, escupen en un frasco, y les decimos por 2 minutos: "Quiero que hagas esto, o lo otro". Ellos no ven las fotos de las posiciones. No queremos inducirlos con un concepto de poder. Queremos que sientan el poder, ¿de acuerdo? Por 2 minutos lo hacen. Y luego les preguntamos, "¿Qué tan poderoso te sientes? Y luego les damos la oportunidad de apostar, y por último tomamos otra muestra de saliva. Eso es todo el experimento.
11:28 Y esto es lo que encontramos. En tolerancia al riesgo, a apostar, descubrimos que quienes asumen la posición de mucho poder, se arriesgan a apostar en el 86%. De los que están en posición de debilidad, solo el 60%. Es una enorme diferencia. Veamos lo que encontramos con la testosterona. Partiendo de su situación normal al llegar, los muy poderosos experimentan un incremento del 20%. Y los débiles una disminución del 10%. De nuevo, 2 minutos, y se obtienen esos cambios. Y ahora los resultados con cortisol. Los más poderosos experimentan un 25% de disminución, mientras que los más débiles un aumento del 15%. Esos 2 minutos conducen a estos cambios hormonales que configuran el cerebro, para hacerlo positivo, seguro, cómodo; o bien, sujeto al estrés, ya saben, que uno se siente como apagado. Todos conocemos esa sensación, ¿cierto? Parece ser que nuestras expresiones no verbales pueden regir cómo nos vemos a nosotros mismos. No solo a los demás, sino a uno mismo. También el cuerpo puede hacer cambiar la mente.
12:36 La siguiente pregunta es, naturalmente, ¿es posible que una posición de poder de 2 minutos te cambie la vida de manera significativa? Esa fue una breve experiencia en el laboratorio, de solo 2 minutos. ¿Cómo se puede aplicar esto? Naturalmente, estuvimos pensando en esto. La idea es que lo que realmente importa es dónde se desea llevar a cabo la evaluación de situaciones socialmente exigentes. ¿Dónde te analizan tus amigos? Como sucede para los adolescentes en la mesa de la cafetería. Para algunos puede ser tener que hablar en la junta de la escuela. O al presentar una propuesta de un negocio, o al dar una charla como esta, o en una entrevista de trabajo. Escogimos el caso que la mayoría de la gente conoce porque ha pasado por esa situación: la entrevista de trabajo.
13:20 Entonces publicamos los resultados, y los medios se interesaron, y dijeron: "Bien, esto es lo que hay que hacer cuando vas a una entrevista, ¿correcto?" (Risas) Naturalmente quedamos horrorizados, y dijimos: "No, por Dios, no, no. Eso no es lo que queremos decir. Por muchas razones, no, no, no. No vayan a hacer eso". De nuevo, no se trata de hablarle a otras personas. Es hablar consigo mismo. ¿Qué haces cuando vas a una entrevista de trabajo? Esto. ¿Correcto? Estás sentado, mirando al iPhone, o al Android, sin tratar de excluir a nadie. Estás repasando tus notas, releyendo, todo encorvado. haciéndote pequeño, cuando en realidad deberías hacer así, tal vez en el baño, ¿correcto? Hazlo. Tómate 2 minutos. Eso es lo que queremos evaluar, ¿de acuerdo? Invitamos a varias personas al laboratorio a tomar posiciones de alto o de bajo poder. Se someten a una entrevista de trabajo muy estresante. Dura 5 minutos. Todo se está grabando. También los están juzgando, y los jueces están entrenados en no dar ninguna retroalimentación no verbal. Se ven así. Imaginen que éste es el que te está entrevistando. Durante 5 minutos no pasa nada. Esto es peor que las interrupciones. Detestamos eso. Es lo que Marianne LaFrance llama "pararse sobre arena movediza". Esto dispara el cortisol. Esta es la entrevista de trabajo a la que los sometimos, porque queríamos saber lo que sucede realmente. Tenemos cuatro analistas para que miren las cintas. Ellos no conocen la hipótesis, ni las condiciones. No saben qué posiciones han tomado las personas, y al terminar de mirar las cintas, dicen: "Ah. Yo quisiera contratar estas personas", las de las posiciones de alto poder, y "no quisiera contratar a estos. Les damos una evaluación mucho más positiva, en general". Pero, ¿qué los motiva? No se trata del contenido del discurso. Se trata de la presencia con que vienen a la entrevista. Los calificamos en todas las variables relacionadas con la competencia, como, ¿Qué tan estructurado es su discurso? ¿Qué tan bueno es? ¿Cuáles son sus condiciones para el cargo? No hay ningún efecto en esto. Esto es lo que los afecta. Estos asuntos. Cada persona trae su verdadera personalidad, básicamente. Lo que traen es lo que son. Traen sus ideas, representadas por sí mismos, sin ningún sobrante. Así que esto es lo que produce o media el efecto.
15:35 Cuando hablo de esto, que el cuerpo puede afectar la mente, que la mente puede afectar el comportamiento y que el comportamiento puede alterar los resultados, me dicen, "No me gusta. No parece auténtico". ¿Correcto? Les contesto, finge hasta hacerlo. Yo no, yo no soy éste. No quiero llegar y sentirme como si fuera un fraude. No quiero sentirme como un impostor. No quiero llegar y sentirme en el lugar equivocado. Eso para mi, es muy importante, porque quiero contarles una pequeña historia sobre ser una impostora y estar en el lugar equivocado.
16:06 Cuando tenía 19 años, tuve un accidente de auto muy grave. Salí expulsada del auto y di muchas vueltas. Salí del auto y me desperté con una herida en la cabeza, en el pabellón de rehabilitación. Me habían retirado de la universidad y supe que mi coeficiente intelectual (CI) había caído 2 desviaciones estándar. Fue muy traumático. Supe que mi CI había bajado porque me habían identificado como alguien brillante, y antes me habían llamado niña prodigio. Así, que me retiraron de la universidad y yo trataba de volver. Me decían: "No podrás terminar el programa. Simplemente acepta que hay otras cosas que puedes hacer, pero esto no te va a funcionar". Tuve que luchar con esto, y debo decir, que te quiten tu identidad, tu verdadera identidad, —para mi era el ser brillante— que te lo arrebaten... No hay nada que te haga sentir más impotente que eso. Me sentía totalmente impotente. Me esforcé, trabajé y trabajé. Tuve suerte y trabajé; tuve más suerte y seguí trabajando.
17:01 Hasta que por fin me gradué en la universidad. Me tomó 4 años más que a mis compañeros. Logré convencer a alguien, mi ángel consejera, Susan Fiske, que me aceptara, y así terminé en Princeton. Pensaba que yo no debería estar ahí. Yo era una impostora. La noche anterior a mi charla de primer año; en Princeton la charla de primer año es de 20 minutos, con 20 personas. Así es. Tenía tanto temor de verme excluída al día siguiente, que la llamé y le dije, "Renuncio". Ella me contestó: "No vas a renunciar porque yo estoy arriesgándome contigo, y tú te quedas. Te vas a quedar. Te diré lo que vas a hacer. Vas a fingir. Vas a dictar todas las charlas que te puedan solicitar. Vas a hacerlo cuantas veces sea posible, aunque te aterres y te paralices, y tengas una experiencia fuera de tí misma, hasta que llegue el momento de decir, ´Caramba. Lo estoy logrando. Ya me transformé y en verdad lo estoy haciendo´" Y eso fue lo que hice. 5 años en el postgrado, en unos cuantos años, y estoy en Northwestern, y luego me mudé a Harvard, ahí estoy. Ya no lo pienso más. Pero por un buen tiempo estuve repitiéndome, "No debería estar aquí. No debería estar aquí".
18:07 Al final de mi primer año en Harvard, una estudiante que no había hablado en clase durante todo el semestre, a quien le habían dicho, "Tienes que participar o suspenderás", vino a mi oficina. Yo no la había conocido antes. Y, totalmente derrotada, me dijo: "Yo no debería estar aquí". Ese fue mi momento, por que me ocurrieron dos cosas. La primera fue que me di cuenta, caramba, ya no me siento más así. Ya no siento esos temores. Pero ella si los siente y yo la comprendo. Y la segunda fue ¡ella sí debe estar aquí! De igual forma, si puede fingirlo, puede lograrlo. Así, le dije: "Sí, por supuesto. ¡Tú debes estar aquí! Y mañana vas a aparentar que puedes. vas a volverte poderosa y, ya sabes, vas a — " (Aplausos) (Aplausos) "Vas a ir a la clase, y vas a hacer el mejor comentario de todos". ¿Saben? Ella hizo el mejor comentario de todos. y todos vinieron a rodearla y decían: "Ay, ni habíamos notado estar ahí sentada" ¿Se imaginan? (Risas)
19:13 Ella regresó unos meses más tarde, y me di cuenta que no solo había fingido hasta que lograrlo, sino que en realidad había fingido hasta transformarse. Ella había cambiado. Ahora quiero decirles, que no hay que fingir hasta hacerlo. Fínjanlo hasta serlo. ¿Saben? Hay que hacerlo suficientemente hasta transformarse e internalizarlo.
19:33 Lo último que les voy a dejar es esto. Pequeños retoques pueden llevar a grandes cambios. Eso sucede en 2 minutos. 2 minutos, 2 minutos, 2 minutos. Antes de la próxima situación estresante de evaluación , durante 2 minutos, traten de hacer esto, en el ascensor, en el baño, en su escritorio a puerta cerrada. Eso es lo que quieren hacer. Configuren su cerebro para lograr lo mejor de la situación. Hay que elevar la testosterona. Y bajar el cortisol. No salgan de esa situación pensando que no mostraron lo que son. Salgan de esa situación sintiendo creer que que han dicho quienes son y lo han demostrado.
20:09 Por eso quiero pedirles primero, que traten de asumir una posición de poder, y también quiero pedirles que compartan la teoría, porque esto es simple. No hay ningún ego en esto. (Risas) Dénselo a la gente, compártanlo, porque los que pueden usarlo mejor son los que no tienen recursos, ni tecnología, ni posición, ni ningún poder. Hay que dárselo a ellos porque pueden hacerlo en privado. Necesitan sus cuerpos, privacidad y dos minutos, y puede cambiar significativamente los resultados de su vida. Gracias. (Aplausos) (Aplausos)
Módulo 4:
Introducción al Módulo 4:
¿Qué es un berrinche?
Las emociones del adulto durante un berrinche infantil:
Cómo canalizar la rabia de forma sana:
Introducción al Módulo 4:
¿Qué es un berrinche?
Las emociones del adulto durante un berrinche infantil:
Cómo canalizar la rabia de forma sana:
¿Qué es un berrinche?
Las emociones del adulto durante un berrinche infantil:
Cómo canalizar la rabia de forma sana:
Material sobre respiración consciente:
Tapping para la rabia:
Tengo un par de años practicando Tapping, una técnica que combina los conocimientos de la psicología moderna con los de la sabiduría oriental. Según mi experiencia, los resultados son increíbles para tranquilizarse en un momento de rabia o tristeza.
Al principio me sentía un poquito ridícula siguiendo los gestos, te lo aviso por si te da risa al ver los videos y sientes lo mismo, pero realmente ayuda a lidiar con varias situaciones emocionalmente intensas.
Así que te invito a probarlo, si entiendes bien el inglés, te dejo con videos de mi maestro de Tapping favorito; Brad Yates, quien con mucha precisión atina con los pensamientos y emociones negativas e incluye un toque de humor o sarcasmo en sus rutinas de tapping que acaba siempre haciéndome reír a la vez que alivia la emoción difícil por la que haya empezado a hacer la sesión de tapping.
Por si no entiendes inglés, te dejo con un video en castellano, de Terena Barajas, una coach colombiana que también es atinada con sus tapping scripts a mi parecer.
Espero que te sean de ayuda y que me cuentes, si lo pruebas, cómo te ha hecho sentir :)
Los berrinches en lugares públicos y el qué dirán:
Tengo un par de años practicando Tapping, una técnica que combina los conocimientos de la psicología moderna con los de la sabiduría oriental. Según mi experiencia, los resultados son increíbles para tranquilizarse en un momento de rabia o tristeza.
Al principio me sentía un poquito ridícula siguiendo los gestos, te lo aviso por si te da risa al ver los videos y sientes lo mismo, pero realmente ayuda a lidiar con varias situaciones emocionalmente intensas.
Así que te invito a probarlo, si entiendes bien el inglés, te dejo con videos de mi maestro de Tapping favorito; Brad Yates, quien con mucha precisión atina con los pensamientos y emociones negativas e incluye un toque de humor o sarcasmo en sus rutinas de tapping que acaba siempre haciéndome reír a la vez que alivia la emoción difícil por la que haya empezado a hacer la sesión de tapping.
Por si no entiendes inglés, te dejo con un video en castellano, de Terena Barajas, una coach colombiana que también es atinada con sus tapping scripts a mi parecer.
Espero que te sean de ayuda y que me cuentes, si lo pruebas, cómo te ha hecho sentir :)
Los berrinches en lugares públicos y el qué dirán:
Módulo 5:
Introducción al Módulo 5:
Evitar o minimizar la aparición de berrinches 1:
Evitar o minimizar la aparición de berrinches 2:
Introducción al Módulo 5:
Evitar o minimizar la aparición de berrinches 1:
Evitar o minimizar la aparición de berrinches 2:
TED Talk de Carl Honoré: Elogio de la Lentitud:
Transcripción de la charla, en castellano (fuente TED):
0:12
"Me gustaría empezar con una observación, que es que si he aprendido algo en el último año, es que la ironía mas grande de publicar un libro sobre la lentitud es que tienes que ir promocionándolo muy rápidamente. Estos días parece que paso la mayor parte de mi tiempo corriendo de ciudad en ciudad, estudio en estudio, entrevista en entrevista, presentando el libro a pedacitos. Porque todo el mundo hoy en día quiere saber cómo frenar, pero quiere saberlo de manera muy rápida. Entonces... el otro día estuve en CNN y pasé más tiempo en maquillaje que hablando en el aire. Y yo creo que -- eso no es tan sorprendente, ¿no? Porque ese es más o menos el mundo en que -- vivimos ahora, un mundo atascado en avanzar rápidamente.
Un mundo obsesionado con la rapidez, con hacer todo más rápido, con embutir más y más en menos tiempo. Cada momento del día se siente como una carrera contrarreloj. Tomando prestada una frase de Carrie Fisher, la cual -- está en mi biografía, así que la diré de nuevo -- "En estos días hasta una gratificación momentánea lleva mucho tiempo." Y si piensan en cómo intentamos mejorar las cosas, ¿qué hacemos? ¿Las apuramos, no? Antes marcábamos, ahora marcamos con un solo botón. Solíamos leer; ahora hacemos lectura rápida. Solíamos caminar; ahora caminamos rápidamente. Y por supuesto, solíamos tener citas y ahora tenemos citas rápidas. Incluso las cosas que son por naturaleza lentas -- también tratamos de acelerarlas. Hace poco estaba en Nueva York, y pasé por un gimnasio que tenía un anuncio en la ventana de un curso nuevo, de tarde. Y era de, adivinen, yoga rápido. La solución perfecta para profesionales con hambre de tiempo que quieren saludar al sol pero solo quieren ceder 20 minutos para ello. Estos son ejemplos un tanto extremos, y son divertidos y buenos para reírse.
Pero hay algo serio, y creo que en esa precipitada carrera del día a día, a menudo no vemos el daño que nos hace este vivir a la carrera. Esta cultura rápida se nos infiltra de tal manera que casi no percibimos cómo afecta a cada aspecto de nuestras vidas. Nuestra salud, nuestra dieta, nuestro trabajo, nuestras relaciones, el medio ambiente y nuestra comunidad. Y a veces necesitamos --una llamada de atención, ¿no? -- que nos advierta de que vivimos nuestras vidas con prisa en vez de vivirlas realmente; de que estamos viviendo la vida rápido, en vez de vivirla bien. Y creo que para mucha gente, esta advertencia toma forma de enfermedad. Por ejemplo, agotamiento, o cuando el cuerpo dice, "No puedo más," y tira la toalla. O quizás una relación se esfuma porque no hemos tenido el tiempo, o la paciencia, o la tranquilidad, para estar con la otra persona, para escucharla.
Y mi llamada de atención llegó cuando comencé a leerle cuentos a mi hijo por la noche, y me di cuenta de que al final del día, iba a su cuarto y no podía reducir la velocidad, y leía muy velozmente "El gato en el sombrero." Me salteaba algunas líneas por aquí, párrafos por allá, a veces una página entera, y por supuesto, mi pequeño conocía perfectamente el libro, así que peleábamos. Y lo que debía haber sido el momento más relajante, más íntimo, el momento más tierno del día,cuando un padre se sienta a leerle a su hijo, se convirtió en una especie de lucha entre gladiadores; un choque entre su velocidad y mi -- o, mi velocidad y su lentitud. Y esto continuó por algún tiempo, hasta que me encontré ojeando un artículo del diario con consejos para gente rápida sobre cómo ahorrar tiempo. Y uno de ellos hacía referencia a una serie de libros llamados "El cuento de un minuto." Ahora me estremezco diciendo esas palabras, pero entonces mi primera reacción fue muy diferente. Mi primera reacción fue decir, "Aleluya -- ¡qué genial idea! Esto es justo lo que estoy buscando para acelerar aún más la hora de acostarse." Pero por suerte, se me encendió la lamparita, y mi siguiente reacción fue muy diferente, y retrocedí, y pensé, "¡Para! -- ¿realmente hemos llegado aquí? ¿Estoy realmente en un apuro tal que soy capaz de engañar a mi hijo con un resumen al final del día?" Y entonces dejé el diario -- y estaba por tomar un avión -- y me quedé sentado allí, e hice algo que no había hecho por mucho tiempo -- y es no hacer nada.Solo pensé, y pensé durante un buen rato. Y cuando me bajé del avión, había decidido que quería hacer algo al respecto. Quería investigar esta cultura de la carrera, y lo que me estaba haciendo a mí y al resto. Y yo --
Tenía dos preguntas en mi cabeza. La primera, ¿cómo nos volvimos tan rápidos? Y la segunda, ¿es posible, o incluso deseable, frenar? Ahora, si piensan en cómo nuestro mundo se aceleró tanto, surgen los sospechosos de siempre. Ustedes piensan en la urbanización, el consumismo, el lugar de trabajo, la tecnología. Pero creo que si miran a través de esas fuerzas llegan a lo que podría ser la razón más profunda, la esencia de la pregunta, y es cómo percibimos el tiempo en sí. En otras culturas el tiempo es cíclico. Lo ven como moviéndose en grandes círculos sin apuro. Siempre se está renovando y refrescando. Mientras que en Occidente, el tiempo es lineal. Es un recurso finito,siempre se está escurriendo. O lo usas o lo pierdes. El tiempo es dinero, como dijo Benjamin Franklin. Y pienso en lo que eso nos hace psicológicamente, crea una ecuación. El tiempo es escaso, entonces ¿qué hacemos? Bueno, aceleramos, ¿no? Tratamos de hacer más y más con menos y menos tiempo. Transformamos cada momento de cada día en una carrera hacia la meta.Una meta que, por cierto, nunca alcanzamos. pero una meta al fin y al cabo. Y creo que la pregunta es, ¿es posible liberarse de ese pensamiento? Y por suerte, la respuesta es sí, porque lo que descubrí, cuando empecé a mirar alrededor, es que hay una reacción global contra esta cultura que nos dice que más rápido es siempre mejor, y que más ocupado es mejor.
Al otro lado del mundo, la gente está haciendo lo impensable: están frenando, y descubriendo que aunque la sabiduría convencional les dice que si desaceleran los aplastarán, lo contrario resulta ser cierto. Desacelerando en los momentos correctos, las personas descubren que hacen todo mejor.Comen mejor, hacen el amor mejor, se ejercitan mejor, trabajan mejor, viven mejor. Y en esta mezcla de momentos, lugares, y actos de desaceleración, yace lo que muchas personas ahora llaman el Movimiento lento internacional.
Ahora, si me permiten un pequeño acto de hipocresía, les mostraré brevemente lo que -- lo que está sucediendo en el Movimiento lento. Si piensan en comida, muchos habrán escuchado del Movimiento de la comida lenta. Comenzó en Italia, pero se ha expandido por el mundo, y ahora tiene 100.000 integrantes en 50 países. Y es motivado por un mensaje muy simple y sensato, que es que obtenemos más placer y más salud de nuestra comida cuando la cultivamos, cocinamos y consumimos a un ritmo razonable. Y piensen también en la explosión del movimiento del cultivo orgánico, y el renacer de las ferias de granjeros, es otro -- son otros ejemplos del hecho de que las personas están ansiosas por liberarse de la comida, la cocina y el cultivo de su comida en forma industrial. Quieren regresar a los ritmos más lentos. Y a partir del Movimiento de la comida lenta surgió algo llamado el Movimiento de las ciudades lentas, que comenzó en Italia, pero se ha esparcido por y más allá de Europa. Y en esto, las ciudades comienzan a replantearse cómo organizan su espacio, y entonces a la gente se le anima a desacelerar y oler las rosas y conectarse con los demás. Podrían detener el tránsito, o poner un banco de plaza, o algunos espacios verdes.
Y de cierto modo, estos cambios resultan más que la suma de sus partes, porque cuando una Ciudad lenta se vuelve una Ciudad lenta oficialmente, es como una declaración filosófica. Le está diciendo al resto del mundo y a la gente en esa ciudad, que creemos que en el siglo 21, la lentitud tiene un rol importante. En medicina, creo que mucha gente está muy desilusionada con la mentalidad de la cura rápida que se encuentra en la medicina convencional. Y millones alrededor del mundo se mueven hacia formas de medicina alternativa y complementaria, que tienden a inclinarse por maneras de curar más lentas, más suaves e íntegras. Ahora, obviamente este tipo de terapias complementarias están a prueba, y yo personalmente dudo que el café por enema sea públicamente reconocido alguna vez. Pero otros tratamientos como acupuntura y masajes, e incluso sólo la relajación, claramente tienen algún tipo de beneficio. Y médicos colegas de primera categoría están empezando a estudiar estas cosas para averiguar cómo funcionan, y qué podríamos aprender de ellas.
Sexo. Hay una enorme cantidad de sexo rápido por ahí, ¿no? Estaba corriendo -- bueno -- aquí no hay juego de palabras. Estaba corriendo lentamente rumbo a Oxford, y pasé por un kiosco, y vi una revista, una revista de hombres, y decía en la portada, "Cómo hacer que tu pareja tenga un orgasmo en 30 segundos." Ya ven, hasta el sexo está cronometrado estos días. Ahora, a mí me gusta un rapidito tanto como a cualquiera, pero creo que hay mucho que ganar del sexo lento -- de desacelerar en el dormitorio. Te aprovechas de esas corrientes psicológicas, emocionales, espirituales y con el calentamiento obtienes un mejor orgasmo. Digamos que puedes sacarle más provecho. Las Hermanas Pointer lo dijeron más elocuentemente, ¿no? cuando cantaban los elogios a un amante con la mano lenta. Ahora, todos nos reíamos de Sting hace unos años cuando se inclinó por el tantra, pero unos años más tarde, encontramos parejas de todas las edadesacudiendo en masa a talleres, o quizás simplemente en sus propios dormitorios, buscando la formade poner los frenos y tener mejor sexo. Y por supuesto, en Italia, donde -- los italianos parecen saber siempre dónde encontrar el placer, han lanzado un movimiento oficial de Sexo lento.
Los lugares de trabajo, en muchos lugares del mundo -- siendo Norteamérica una notable excepción -- las horas de trabajo han ido disminuyendo. Y Europa es un ejemplo de ello. Las personas descubren que su calidad de vida mejora a medida que trabajan menos, y también que aumenta su productividad por hora. Ahora, está claro que la semana laboral de 35 horas en Francia tiene problemas -- demasiado, demasiado pronto, demasiado rígidamente. Pero otros países de Europa, notablemente los países nórdicos, están demostrando que es posible tener una economía brillante sin ser fanático del trabajo. Y Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia ahora están entre las seis naciones más competitivas de la tierra, y trabajan la cantidad de horas que haría que un americano medio llorara de envidia. Y si van más allá del nivel nacional, hacia el nivel de una micro empresa, más y más empresas se están dando cuenta de que deben permitir que sus empleadostrabajen menos horas o que puedan desenchufarse -- un recreo al mediodía, ir a sentarse a una sala tranquila, apagar sus Blackberrys -- tú, al fondo -- sus teléfonos celulares, durante el día de trabajo o los fines de semana, para que tengan tiempo de recargar y para que el cerebro entre en un estado de creatividad.
Y sin embargo en estos días no son sólo los adultos quienes trabajan de más; los niños también, ¿verdad? Tengo 37 años, y mi niñez finalizó a mediados de los 80, y veo a los niños ahora, y me asombra cómo corren con más tarea, más tareas con tutores y extracurriculares, de lo que nos podríamos haber siquiera imaginado hace una generación. Y algunos de los correos más desgarradores que recibo a través de mi sitio web son de adolescentes a punto de llegar al agotamiento, rogándome que escriba a sus padres, para ayudarlos a desacelerar, para ayudarlos a bajarse de esta rutina a todo gas. Pero por suerte hay una reacción también de los padres, y están descubriendo que las ciudades de los Estados Unidos se estan uniendo y prohibiendo las tareas extracurriculares en un día particular del mes, de manera que la gente pueda aflojarse y tener un poco de tiempo con la familia, y desacelerar.
La tarea es otro tema. Están surgiendo prohibiciones contra la tarea en todo el mundo desarrollado,en escuelas donde durante años se había ido apilando más y más tarea, y ahora están descubriendo que menos puede ser más. Hubo un caso en Escocia hace poco donde un colegio privado de alto rendimiento académico prohibió la tarea para todos los menores de 13 años, y los padres de alto rendimiento enloquecieron y dijeron, "Qué haces, nuestros hijos fracasarán" -- y el director dijo, "No, no, sus hijos necesitan desacelerar al final del día." Y justo este último mes llegaron los resultados, y en matemática, ciencia, las notas subieron un 20 por ciento de media en el último año. Y creo que lo que es muy revelador es que las universidades de élite, citadas a menudo como la razón por que la gente empuja y presiona tanto a sus hijos, se están dando cuenta de que la calidad de los estudiantes que llegan está decayendo. Estos niños tienen notas espectaculares, tienen CVs repletos de tantas extracurriculares, que te harían llorar. Pero les falta chispa, carecen de la habilidad de pensar creativamente, no saben soñar. Y entonces estas universidades de la liga Ivy, y Oxford, Cambridge, etc, estan empezando a transmitir a padres y estudiantes el mensaje de que necesitan frenar un poco. Y en Harvard, por ejemplo, enviaron una carta a los estudiantes -- de primer año -- diciéndoles que sacarían más provecho de la vida, y de Harvard, si frenaban. Si hacían menos, pero dándole tiempo a las cosas, el tiempo que necesitan,para disfrutarlas, saborearlas. E incluso si a veces no hacían nada en absoluto. Y a esa carta la llamaron -- muy revelador, yo creo -- "¡Frenen!" -- con un signo de exclamación al final.
Entonces, adondequiera que miren, me parece que el mensaje es el mismo. Que menos es muy a menudo más, que más lento es muy a menudo mejor. Pero, dicho esto, por supuesto, no es tan fácil desacelerar, ¿verdad? Escucharon que recibí una multa por exceso de velocidad mientras estaba investigando para mi libro sobre los beneficios de la lentitud, y eso es verdad, pero eso no es todo. Yo estaba yendo para una cena ofrecida entonces por el movimiento Comida lenta. Y por si eso no fuera lo suficientemente vergonzoso, me multaron en Italia. Y si alguno de ustedes alguna vez condujo en una autopista italiana, sabrán bien lo rápido que iba.
(Risas)
Pero, ¿por qué es tan difícil frenar? Creo que hay varias razones. Una es que -- la velocidad es divertida -- es sexy. Es una descarga de adrenalina. Es difícil dejarlo. Creo que hay una especie de dimensión metafísica -- que la velocidad se vuelve una manera de aislarnos de las preguntas más grandes y profundas. Nos llenamos de distracciones, nos ocupamos, así no tenemos que preguntarnos, ¿estoy bien?, ¿soy feliz?, ¿mis hijos están creciendo bien?, ¿Están los políticos tomando buenas decisiones por mí? Otra razón -- aunque creo que quizás es la razón más poderosa -- de por qué se nos hace tan difícil frenar, es el tabú cultural que hemos erigido en contra de frenar. Lento es una palabra mala en nuestra cultura. Es sinónimo de holgazán, vago, de ser alguien que se rinde. "Él es un poco lento" es en realidad sinónimo de ser -- de ser estúpido.
Yo creo que el Movimiento Lento -- el propósito del Movimiento lento, o su principal objetivo, es derribar ese tabú, y decir que -- que sí, a veces lento no es -- la respuesta, que existe tal cosa como "lentitud mala." Que -- hace poco me quedé trancado en la M25, una carretera de circunvalación en Londres, y me pasé 3 horas y media ahí. Y les puedo decir que eso sí es lentitud mala. Pero la nueva idea, el tipo de idea revolucionaria del Movimiento lento, es que también existe la lentitud buena. Y la lentitud buena es tomarse el tiempo para comer con sus familias, con el televisor apagado. O -- tomarse el tiempo para mirar un problema desde todos los ángulos en la oficina para poder tomar la mejor decisión en el trabajo. O incluso simplemente tomarse el tiempopara desacelerar y saborear sus vidas.
Ahora, una de las cosas que encuentro más motivante de todo esto que está sucediendo alrededor del libro desde que salió, es la reacción hacia él. Y sabía que cuando mi libro sobre la lentitud saliera, iba a ser bienvenido por la brigada de la Nueva Era, pero también ha sido aceptado, con mucho gusto, por el mundo corporativo -- ya saben, la prensa de negocios, pero también, por grandes empresas y organizaciones de liderazgo. Porque la gente en la cima, las personas como ustedes, creo, están comenzando a darse cuenta de que hay mucha velocidad en el sistema, hay mucha ocupación, y es momento de encontrar, o volver, a ese arte perdido de cambiar de marcha.Otra señal alentadora, creo, es que no es sólo en el mundo desarrollado donde esta idea está siendo aceptada. En el mundo en desarrollo, en países que están a punto de dar ese salto hacia el primer mundo -- China, Brasil, Tailandia, Polonia, etc -- esos países están -- han acogido la idea del Movimiento lento, muchas personas en ellos, y se ha generado un debate en los medios de comunicación, en las calles. Porque creo que están mirando a occidente, y están diciendo,"Bueno, nos gusta ese aspecto de lo que tienen, pero no estamos tan seguros de eso otro."
Entonces, dicho todo eso, ¿es posible? Esa es hoy la principal pregunta ante nosotros. ¿Es posibledesacelerar? Y yo -- Yo estoy feliz de poder decirles que la respuesta es un sí rotundo. Y me presento como la Muestra A, una especie de adicto a la velocidad rehabilitado. Todavía amo la velocidad. Vivo en Londres, y trabajo como periodista, y disfruto del barullo y el estar ocupado, y de la adrenalina que se obtiene de ambas cosas. Juego al squash y al hockey sobre hielo, dos deportes muy rápidos, y no los dejaría por nada del mundo. Pero también, durante el último año, he tomado contacto con mi tortuga interna.
(Risas)
Y lo que eso significa es que yo no -- yo ya no me sobrecargo injustificadamente. Mi modo por defecto es no ser nunca más un adicto a la velocidad. Ya no escucho al carruaje alado del tiempo acercarse, o por lo menos no tanto como antes. En realidad ahora puedo escucharlo, porque veo que mi tiempo pasa. Y el resultado de todo esto es que en realidad me siento mucho más feliz, más sano, más productivo que nunca. Siento que estoy viviendo mi vida en vez de correr por ella. Y quizás la más importante medida del éxito de esto es que siento que mis relaciones son mucho más profundas, más ricas, más fuertes.
Y para mí, creo, la prueba de fuego de si esto funcionaría, y lo que significaría, siempre iba a ser los cuentos nocturnos, porque ahí fue donde el viaje comenzó. Y ahí las noticias son color de rosa también. Al final del día voy al cuarto de mi hijo. No llevo puesto el reloj. Apago la computadora, así no escucho el correo eletrónico que llega, y freno hasta llegar a su ritmo y -- y leemos. Y como los niños tienen su propio tempo, su reloj interno, ellos no aprovechan el tiempo porque hayas programado 10 minutos para ellos. Necesitan que te muevas a su ritmo. Descubrí que a los 10 minutos de empezar un cuento, mi hijo de repente dirá, "Sabes qué, hoy pasó algo en el recreo que me molestó mucho." Y entonces cambiamos de tema y conversamos sobre eso. Y ahora me doy cuenta de que los cuentos solían ser una especie de -- algo en mi lista de cosas que hacer, algo terrible, porque era tan lento y tenía que terminarlo rápidamente. Se ha convertido en mi recompensa al final del día, algo que realmente -- realmente aprecio. Y tengo una especie de final de Hollywood para mi charla de esta tarde, que dice más o menos así.
Hace unos meses, me estaba preparando para iniciar otra gira de mi libro, y tenía mis valijas empacadas. Estaba abajo en la puerta de mi casa esperando un taxi, y mi hijo vino bajando por las escaleras y había hecho una tarjeta para mí. Y la traía. Había grapado dos tarjetas, muy parecidas a estas, y había puesto un sticker adelante de su personaje favorito, Tintín, al frente. Y me dijo, o me lo entregó y yo leí, y decía, "Para papi, te quiero, Benjamin." Y pensé, "Aah, esto es muy dulce,¿es una tarjeta de buena suerte para la gira del libro?" Y el dijo, "No, no, no, papi -- esta tarjeta espor ser el mejor lector de cuentos del mundo." Y pensé, "Sí, esto de frena ... "
Muchas gracias."
Carl Honoré tiene un libro publicado sobre el mismo tema, por si te interesa, te dejo el enlace de una librería que lo envía gratuitamente a casi todos los países del mundo.
Evitar o minimizar la aparición de berrinches 3:
Evitar o minimizar la aparición de berrinches 4:
Evitar o minimizar la aparición de berrinches 5:
Transcripción de la charla, en castellano (fuente TED):
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"Me gustaría empezar con una observación, que es que si he aprendido algo en el último año, es que la ironía mas grande de publicar un libro sobre la lentitud es que tienes que ir promocionándolo muy rápidamente. Estos días parece que paso la mayor parte de mi tiempo corriendo de ciudad en ciudad, estudio en estudio, entrevista en entrevista, presentando el libro a pedacitos. Porque todo el mundo hoy en día quiere saber cómo frenar, pero quiere saberlo de manera muy rápida. Entonces... el otro día estuve en CNN y pasé más tiempo en maquillaje que hablando en el aire. Y yo creo que -- eso no es tan sorprendente, ¿no? Porque ese es más o menos el mundo en que -- vivimos ahora, un mundo atascado en avanzar rápidamente.
Un mundo obsesionado con la rapidez, con hacer todo más rápido, con embutir más y más en menos tiempo. Cada momento del día se siente como una carrera contrarreloj. Tomando prestada una frase de Carrie Fisher, la cual -- está en mi biografía, así que la diré de nuevo -- "En estos días hasta una gratificación momentánea lleva mucho tiempo." Y si piensan en cómo intentamos mejorar las cosas, ¿qué hacemos? ¿Las apuramos, no? Antes marcábamos, ahora marcamos con un solo botón. Solíamos leer; ahora hacemos lectura rápida. Solíamos caminar; ahora caminamos rápidamente. Y por supuesto, solíamos tener citas y ahora tenemos citas rápidas. Incluso las cosas que son por naturaleza lentas -- también tratamos de acelerarlas. Hace poco estaba en Nueva York, y pasé por un gimnasio que tenía un anuncio en la ventana de un curso nuevo, de tarde. Y era de, adivinen, yoga rápido. La solución perfecta para profesionales con hambre de tiempo que quieren saludar al sol pero solo quieren ceder 20 minutos para ello. Estos son ejemplos un tanto extremos, y son divertidos y buenos para reírse.
Pero hay algo serio, y creo que en esa precipitada carrera del día a día, a menudo no vemos el daño que nos hace este vivir a la carrera. Esta cultura rápida se nos infiltra de tal manera que casi no percibimos cómo afecta a cada aspecto de nuestras vidas. Nuestra salud, nuestra dieta, nuestro trabajo, nuestras relaciones, el medio ambiente y nuestra comunidad. Y a veces necesitamos --una llamada de atención, ¿no? -- que nos advierta de que vivimos nuestras vidas con prisa en vez de vivirlas realmente; de que estamos viviendo la vida rápido, en vez de vivirla bien. Y creo que para mucha gente, esta advertencia toma forma de enfermedad. Por ejemplo, agotamiento, o cuando el cuerpo dice, "No puedo más," y tira la toalla. O quizás una relación se esfuma porque no hemos tenido el tiempo, o la paciencia, o la tranquilidad, para estar con la otra persona, para escucharla.
Y mi llamada de atención llegó cuando comencé a leerle cuentos a mi hijo por la noche, y me di cuenta de que al final del día, iba a su cuarto y no podía reducir la velocidad, y leía muy velozmente "El gato en el sombrero." Me salteaba algunas líneas por aquí, párrafos por allá, a veces una página entera, y por supuesto, mi pequeño conocía perfectamente el libro, así que peleábamos. Y lo que debía haber sido el momento más relajante, más íntimo, el momento más tierno del día,cuando un padre se sienta a leerle a su hijo, se convirtió en una especie de lucha entre gladiadores; un choque entre su velocidad y mi -- o, mi velocidad y su lentitud. Y esto continuó por algún tiempo, hasta que me encontré ojeando un artículo del diario con consejos para gente rápida sobre cómo ahorrar tiempo. Y uno de ellos hacía referencia a una serie de libros llamados "El cuento de un minuto." Ahora me estremezco diciendo esas palabras, pero entonces mi primera reacción fue muy diferente. Mi primera reacción fue decir, "Aleluya -- ¡qué genial idea! Esto es justo lo que estoy buscando para acelerar aún más la hora de acostarse." Pero por suerte, se me encendió la lamparita, y mi siguiente reacción fue muy diferente, y retrocedí, y pensé, "¡Para! -- ¿realmente hemos llegado aquí? ¿Estoy realmente en un apuro tal que soy capaz de engañar a mi hijo con un resumen al final del día?" Y entonces dejé el diario -- y estaba por tomar un avión -- y me quedé sentado allí, e hice algo que no había hecho por mucho tiempo -- y es no hacer nada.Solo pensé, y pensé durante un buen rato. Y cuando me bajé del avión, había decidido que quería hacer algo al respecto. Quería investigar esta cultura de la carrera, y lo que me estaba haciendo a mí y al resto. Y yo --
Tenía dos preguntas en mi cabeza. La primera, ¿cómo nos volvimos tan rápidos? Y la segunda, ¿es posible, o incluso deseable, frenar? Ahora, si piensan en cómo nuestro mundo se aceleró tanto, surgen los sospechosos de siempre. Ustedes piensan en la urbanización, el consumismo, el lugar de trabajo, la tecnología. Pero creo que si miran a través de esas fuerzas llegan a lo que podría ser la razón más profunda, la esencia de la pregunta, y es cómo percibimos el tiempo en sí. En otras culturas el tiempo es cíclico. Lo ven como moviéndose en grandes círculos sin apuro. Siempre se está renovando y refrescando. Mientras que en Occidente, el tiempo es lineal. Es un recurso finito,siempre se está escurriendo. O lo usas o lo pierdes. El tiempo es dinero, como dijo Benjamin Franklin. Y pienso en lo que eso nos hace psicológicamente, crea una ecuación. El tiempo es escaso, entonces ¿qué hacemos? Bueno, aceleramos, ¿no? Tratamos de hacer más y más con menos y menos tiempo. Transformamos cada momento de cada día en una carrera hacia la meta.Una meta que, por cierto, nunca alcanzamos. pero una meta al fin y al cabo. Y creo que la pregunta es, ¿es posible liberarse de ese pensamiento? Y por suerte, la respuesta es sí, porque lo que descubrí, cuando empecé a mirar alrededor, es que hay una reacción global contra esta cultura que nos dice que más rápido es siempre mejor, y que más ocupado es mejor.
Al otro lado del mundo, la gente está haciendo lo impensable: están frenando, y descubriendo que aunque la sabiduría convencional les dice que si desaceleran los aplastarán, lo contrario resulta ser cierto. Desacelerando en los momentos correctos, las personas descubren que hacen todo mejor.Comen mejor, hacen el amor mejor, se ejercitan mejor, trabajan mejor, viven mejor. Y en esta mezcla de momentos, lugares, y actos de desaceleración, yace lo que muchas personas ahora llaman el Movimiento lento internacional.
Ahora, si me permiten un pequeño acto de hipocresía, les mostraré brevemente lo que -- lo que está sucediendo en el Movimiento lento. Si piensan en comida, muchos habrán escuchado del Movimiento de la comida lenta. Comenzó en Italia, pero se ha expandido por el mundo, y ahora tiene 100.000 integrantes en 50 países. Y es motivado por un mensaje muy simple y sensato, que es que obtenemos más placer y más salud de nuestra comida cuando la cultivamos, cocinamos y consumimos a un ritmo razonable. Y piensen también en la explosión del movimiento del cultivo orgánico, y el renacer de las ferias de granjeros, es otro -- son otros ejemplos del hecho de que las personas están ansiosas por liberarse de la comida, la cocina y el cultivo de su comida en forma industrial. Quieren regresar a los ritmos más lentos. Y a partir del Movimiento de la comida lenta surgió algo llamado el Movimiento de las ciudades lentas, que comenzó en Italia, pero se ha esparcido por y más allá de Europa. Y en esto, las ciudades comienzan a replantearse cómo organizan su espacio, y entonces a la gente se le anima a desacelerar y oler las rosas y conectarse con los demás. Podrían detener el tránsito, o poner un banco de plaza, o algunos espacios verdes.
Y de cierto modo, estos cambios resultan más que la suma de sus partes, porque cuando una Ciudad lenta se vuelve una Ciudad lenta oficialmente, es como una declaración filosófica. Le está diciendo al resto del mundo y a la gente en esa ciudad, que creemos que en el siglo 21, la lentitud tiene un rol importante. En medicina, creo que mucha gente está muy desilusionada con la mentalidad de la cura rápida que se encuentra en la medicina convencional. Y millones alrededor del mundo se mueven hacia formas de medicina alternativa y complementaria, que tienden a inclinarse por maneras de curar más lentas, más suaves e íntegras. Ahora, obviamente este tipo de terapias complementarias están a prueba, y yo personalmente dudo que el café por enema sea públicamente reconocido alguna vez. Pero otros tratamientos como acupuntura y masajes, e incluso sólo la relajación, claramente tienen algún tipo de beneficio. Y médicos colegas de primera categoría están empezando a estudiar estas cosas para averiguar cómo funcionan, y qué podríamos aprender de ellas.
Sexo. Hay una enorme cantidad de sexo rápido por ahí, ¿no? Estaba corriendo -- bueno -- aquí no hay juego de palabras. Estaba corriendo lentamente rumbo a Oxford, y pasé por un kiosco, y vi una revista, una revista de hombres, y decía en la portada, "Cómo hacer que tu pareja tenga un orgasmo en 30 segundos." Ya ven, hasta el sexo está cronometrado estos días. Ahora, a mí me gusta un rapidito tanto como a cualquiera, pero creo que hay mucho que ganar del sexo lento -- de desacelerar en el dormitorio. Te aprovechas de esas corrientes psicológicas, emocionales, espirituales y con el calentamiento obtienes un mejor orgasmo. Digamos que puedes sacarle más provecho. Las Hermanas Pointer lo dijeron más elocuentemente, ¿no? cuando cantaban los elogios a un amante con la mano lenta. Ahora, todos nos reíamos de Sting hace unos años cuando se inclinó por el tantra, pero unos años más tarde, encontramos parejas de todas las edadesacudiendo en masa a talleres, o quizás simplemente en sus propios dormitorios, buscando la formade poner los frenos y tener mejor sexo. Y por supuesto, en Italia, donde -- los italianos parecen saber siempre dónde encontrar el placer, han lanzado un movimiento oficial de Sexo lento.
Los lugares de trabajo, en muchos lugares del mundo -- siendo Norteamérica una notable excepción -- las horas de trabajo han ido disminuyendo. Y Europa es un ejemplo de ello. Las personas descubren que su calidad de vida mejora a medida que trabajan menos, y también que aumenta su productividad por hora. Ahora, está claro que la semana laboral de 35 horas en Francia tiene problemas -- demasiado, demasiado pronto, demasiado rígidamente. Pero otros países de Europa, notablemente los países nórdicos, están demostrando que es posible tener una economía brillante sin ser fanático del trabajo. Y Noruega, Suecia, Dinamarca y Finlandia ahora están entre las seis naciones más competitivas de la tierra, y trabajan la cantidad de horas que haría que un americano medio llorara de envidia. Y si van más allá del nivel nacional, hacia el nivel de una micro empresa, más y más empresas se están dando cuenta de que deben permitir que sus empleadostrabajen menos horas o que puedan desenchufarse -- un recreo al mediodía, ir a sentarse a una sala tranquila, apagar sus Blackberrys -- tú, al fondo -- sus teléfonos celulares, durante el día de trabajo o los fines de semana, para que tengan tiempo de recargar y para que el cerebro entre en un estado de creatividad.
Y sin embargo en estos días no son sólo los adultos quienes trabajan de más; los niños también, ¿verdad? Tengo 37 años, y mi niñez finalizó a mediados de los 80, y veo a los niños ahora, y me asombra cómo corren con más tarea, más tareas con tutores y extracurriculares, de lo que nos podríamos haber siquiera imaginado hace una generación. Y algunos de los correos más desgarradores que recibo a través de mi sitio web son de adolescentes a punto de llegar al agotamiento, rogándome que escriba a sus padres, para ayudarlos a desacelerar, para ayudarlos a bajarse de esta rutina a todo gas. Pero por suerte hay una reacción también de los padres, y están descubriendo que las ciudades de los Estados Unidos se estan uniendo y prohibiendo las tareas extracurriculares en un día particular del mes, de manera que la gente pueda aflojarse y tener un poco de tiempo con la familia, y desacelerar.
La tarea es otro tema. Están surgiendo prohibiciones contra la tarea en todo el mundo desarrollado,en escuelas donde durante años se había ido apilando más y más tarea, y ahora están descubriendo que menos puede ser más. Hubo un caso en Escocia hace poco donde un colegio privado de alto rendimiento académico prohibió la tarea para todos los menores de 13 años, y los padres de alto rendimiento enloquecieron y dijeron, "Qué haces, nuestros hijos fracasarán" -- y el director dijo, "No, no, sus hijos necesitan desacelerar al final del día." Y justo este último mes llegaron los resultados, y en matemática, ciencia, las notas subieron un 20 por ciento de media en el último año. Y creo que lo que es muy revelador es que las universidades de élite, citadas a menudo como la razón por que la gente empuja y presiona tanto a sus hijos, se están dando cuenta de que la calidad de los estudiantes que llegan está decayendo. Estos niños tienen notas espectaculares, tienen CVs repletos de tantas extracurriculares, que te harían llorar. Pero les falta chispa, carecen de la habilidad de pensar creativamente, no saben soñar. Y entonces estas universidades de la liga Ivy, y Oxford, Cambridge, etc, estan empezando a transmitir a padres y estudiantes el mensaje de que necesitan frenar un poco. Y en Harvard, por ejemplo, enviaron una carta a los estudiantes -- de primer año -- diciéndoles que sacarían más provecho de la vida, y de Harvard, si frenaban. Si hacían menos, pero dándole tiempo a las cosas, el tiempo que necesitan,para disfrutarlas, saborearlas. E incluso si a veces no hacían nada en absoluto. Y a esa carta la llamaron -- muy revelador, yo creo -- "¡Frenen!" -- con un signo de exclamación al final.
Entonces, adondequiera que miren, me parece que el mensaje es el mismo. Que menos es muy a menudo más, que más lento es muy a menudo mejor. Pero, dicho esto, por supuesto, no es tan fácil desacelerar, ¿verdad? Escucharon que recibí una multa por exceso de velocidad mientras estaba investigando para mi libro sobre los beneficios de la lentitud, y eso es verdad, pero eso no es todo. Yo estaba yendo para una cena ofrecida entonces por el movimiento Comida lenta. Y por si eso no fuera lo suficientemente vergonzoso, me multaron en Italia. Y si alguno de ustedes alguna vez condujo en una autopista italiana, sabrán bien lo rápido que iba.
(Risas)
Pero, ¿por qué es tan difícil frenar? Creo que hay varias razones. Una es que -- la velocidad es divertida -- es sexy. Es una descarga de adrenalina. Es difícil dejarlo. Creo que hay una especie de dimensión metafísica -- que la velocidad se vuelve una manera de aislarnos de las preguntas más grandes y profundas. Nos llenamos de distracciones, nos ocupamos, así no tenemos que preguntarnos, ¿estoy bien?, ¿soy feliz?, ¿mis hijos están creciendo bien?, ¿Están los políticos tomando buenas decisiones por mí? Otra razón -- aunque creo que quizás es la razón más poderosa -- de por qué se nos hace tan difícil frenar, es el tabú cultural que hemos erigido en contra de frenar. Lento es una palabra mala en nuestra cultura. Es sinónimo de holgazán, vago, de ser alguien que se rinde. "Él es un poco lento" es en realidad sinónimo de ser -- de ser estúpido.
Yo creo que el Movimiento Lento -- el propósito del Movimiento lento, o su principal objetivo, es derribar ese tabú, y decir que -- que sí, a veces lento no es -- la respuesta, que existe tal cosa como "lentitud mala." Que -- hace poco me quedé trancado en la M25, una carretera de circunvalación en Londres, y me pasé 3 horas y media ahí. Y les puedo decir que eso sí es lentitud mala. Pero la nueva idea, el tipo de idea revolucionaria del Movimiento lento, es que también existe la lentitud buena. Y la lentitud buena es tomarse el tiempo para comer con sus familias, con el televisor apagado. O -- tomarse el tiempo para mirar un problema desde todos los ángulos en la oficina para poder tomar la mejor decisión en el trabajo. O incluso simplemente tomarse el tiempopara desacelerar y saborear sus vidas.
Ahora, una de las cosas que encuentro más motivante de todo esto que está sucediendo alrededor del libro desde que salió, es la reacción hacia él. Y sabía que cuando mi libro sobre la lentitud saliera, iba a ser bienvenido por la brigada de la Nueva Era, pero también ha sido aceptado, con mucho gusto, por el mundo corporativo -- ya saben, la prensa de negocios, pero también, por grandes empresas y organizaciones de liderazgo. Porque la gente en la cima, las personas como ustedes, creo, están comenzando a darse cuenta de que hay mucha velocidad en el sistema, hay mucha ocupación, y es momento de encontrar, o volver, a ese arte perdido de cambiar de marcha.Otra señal alentadora, creo, es que no es sólo en el mundo desarrollado donde esta idea está siendo aceptada. En el mundo en desarrollo, en países que están a punto de dar ese salto hacia el primer mundo -- China, Brasil, Tailandia, Polonia, etc -- esos países están -- han acogido la idea del Movimiento lento, muchas personas en ellos, y se ha generado un debate en los medios de comunicación, en las calles. Porque creo que están mirando a occidente, y están diciendo,"Bueno, nos gusta ese aspecto de lo que tienen, pero no estamos tan seguros de eso otro."
Entonces, dicho todo eso, ¿es posible? Esa es hoy la principal pregunta ante nosotros. ¿Es posibledesacelerar? Y yo -- Yo estoy feliz de poder decirles que la respuesta es un sí rotundo. Y me presento como la Muestra A, una especie de adicto a la velocidad rehabilitado. Todavía amo la velocidad. Vivo en Londres, y trabajo como periodista, y disfruto del barullo y el estar ocupado, y de la adrenalina que se obtiene de ambas cosas. Juego al squash y al hockey sobre hielo, dos deportes muy rápidos, y no los dejaría por nada del mundo. Pero también, durante el último año, he tomado contacto con mi tortuga interna.
(Risas)
Y lo que eso significa es que yo no -- yo ya no me sobrecargo injustificadamente. Mi modo por defecto es no ser nunca más un adicto a la velocidad. Ya no escucho al carruaje alado del tiempo acercarse, o por lo menos no tanto como antes. En realidad ahora puedo escucharlo, porque veo que mi tiempo pasa. Y el resultado de todo esto es que en realidad me siento mucho más feliz, más sano, más productivo que nunca. Siento que estoy viviendo mi vida en vez de correr por ella. Y quizás la más importante medida del éxito de esto es que siento que mis relaciones son mucho más profundas, más ricas, más fuertes.
Y para mí, creo, la prueba de fuego de si esto funcionaría, y lo que significaría, siempre iba a ser los cuentos nocturnos, porque ahí fue donde el viaje comenzó. Y ahí las noticias son color de rosa también. Al final del día voy al cuarto de mi hijo. No llevo puesto el reloj. Apago la computadora, así no escucho el correo eletrónico que llega, y freno hasta llegar a su ritmo y -- y leemos. Y como los niños tienen su propio tempo, su reloj interno, ellos no aprovechan el tiempo porque hayas programado 10 minutos para ellos. Necesitan que te muevas a su ritmo. Descubrí que a los 10 minutos de empezar un cuento, mi hijo de repente dirá, "Sabes qué, hoy pasó algo en el recreo que me molestó mucho." Y entonces cambiamos de tema y conversamos sobre eso. Y ahora me doy cuenta de que los cuentos solían ser una especie de -- algo en mi lista de cosas que hacer, algo terrible, porque era tan lento y tenía que terminarlo rápidamente. Se ha convertido en mi recompensa al final del día, algo que realmente -- realmente aprecio. Y tengo una especie de final de Hollywood para mi charla de esta tarde, que dice más o menos así.
Hace unos meses, me estaba preparando para iniciar otra gira de mi libro, y tenía mis valijas empacadas. Estaba abajo en la puerta de mi casa esperando un taxi, y mi hijo vino bajando por las escaleras y había hecho una tarjeta para mí. Y la traía. Había grapado dos tarjetas, muy parecidas a estas, y había puesto un sticker adelante de su personaje favorito, Tintín, al frente. Y me dijo, o me lo entregó y yo leí, y decía, "Para papi, te quiero, Benjamin." Y pensé, "Aah, esto es muy dulce,¿es una tarjeta de buena suerte para la gira del libro?" Y el dijo, "No, no, no, papi -- esta tarjeta espor ser el mejor lector de cuentos del mundo." Y pensé, "Sí, esto de frena ... "
Muchas gracias."
Carl Honoré tiene un libro publicado sobre el mismo tema, por si te interesa, te dejo el enlace de una librería que lo envía gratuitamente a casi todos los países del mundo.
Evitar o minimizar la aparición de berrinches 3:
Evitar o minimizar la aparición de berrinches 4:
Evitar o minimizar la aparición de berrinches 5:
Módulo 6:
Introducción al Módulo 6:
¿Qué hacer durante un berrinche? 1
¿Qué hacer durante un berrinche? 2
¿Qué hacer después del berrinche?
Introducción al Módulo 6:
¿Qué hacer durante un berrinche? 1
¿Qué hacer durante un berrinche? 2
¿Qué hacer después del berrinche?
¿Qué hacer durante un berrinche? 1
¿Qué hacer durante un berrinche? 2
¿Qué hacer después del berrinche?
Módulo 7:
Introducción al Módulo 7:
El Castigo Infantil:
Las Consecuencias:
El Time-out, Silla, o Rincón de Pensar:
Las Recompensas y La Retirada de Privilegios o Afecto:
Introducción al Módulo 7:
El Castigo Infantil:
Las Consecuencias:
El Time-out, Silla, o Rincón de Pensar:
Las Recompensas y La Retirada de Privilegios o Afecto:
Módulo 8:
Introducción al Módulo 8:
Aminorar o dramatizar lo que siente el niño:
Ignorar lo que siente el niño:
Herramientas para tener más paciencia en la crianza:
Conclusiones del curso:
Introducción al Módulo 8:
Aminorar o dramatizar lo que siente el niño:
Ignorar lo que siente el niño:
Herramientas para tener más paciencia en la crianza:
Conclusiones del curso:

